El hostelero Ramiro López lo deja, para centrarse en sus otros dos negocios: A Casa Grande de A Fervenza y O Val dos Soños
25 ago 2021 . Actualizado a las 14:18 h.Hace 50 años que el matrimonio lucense Dositeo Vázquez y Manuela Mourelos abrieron el restaurante La Palloza. El empresario Ramiro López empezó desde entonces a trabajar en el local, pero hace 35 años que se puso al frente y lo convirtió en un emblemático lugar de la hostelería lucense. Ahora, a sus 66 años, y con el parón de una pandemia de por medio, López deja la Palloza y será Teresa Vázquez, la hija de los fundadores, quien continúe con el negocio.
La Palloza lleva cerrada desde el 26 de enero por las restricciones de la pandemia. Los miles de invitados que acudían a los eventos en el local lucense se redujeron a una treintena. «Lógicamente esta situación ayudó a tomar la decisión», sentenció Ramiro López. Pero de la angustia surgió la ilusión. «Estoy muy contenta de volver a mis orígenes hosteleros», cuenta Teresa Vázquez. La lucense abrirá las puertas de La Palloza el día 3 de septiembre a las 20.00 horas con un evento de inauguración que devolverá la vida al icónico restaurante siete meses después, aunque al aire libre y con distancia.
Los padres de Teresa son de Nadela y San Fiz de Montirón y ella nació en la ciudad de Lugo. Ambos se dedicaron siempre a la hostelería y abrieron La Palloza en 1970, pero Teresa acabó cambiando de rumbo. «Estoy muy ilusionada con lo que estoy haciendo; tengo ganas de ponerme al frente y empezar», cuenta. Espera que las restricciones duras para la hostelería por mor de la pandemia no vuelvan y desea un «bonito comienzo» de esta nueva etapa.
Ramiro, centrado en sus otros dos negocios
El empresario Ramiro López decidió pasar La Palloza de manos hace unos tres meses. «Se llegó a un acuerdo porque yo quería enfocar la empresa hacia otros derroteros», explica. El lucense también regenta A Casa Grande de A Fervenza, una casa rural con restaurante ubicada en un paraje natural a pie del río Miño en O Corgo. Además, también cuenta con la finca Val dos Soños desde 2007, dedicada a la celebración de bodas. En estas dos líneas es en las que se quiere centrar el veterano empresario. «Para mucha gente estos serán momento de abrir locales, pero para nosotros es momento de decrecer», cuenta. Aunque López no tiene pensado jubilarse sí empieza a reparar en su edad y quiere más tiempo para él después de «trabajar durante 50 años sin parar». El empresario de Castro de Rei recalca lo mucho que le gusta a lo que se dedica, por lo que seguirá en el empeño por hacer crecer sus negocios.