Un tesoro natural para los sentidos

El río Ulla divide Palas de Rei, Antas de Ulla y Agolada formando los Torrentes de Mácara en un entorno privilegiado. Los senderos naturales conforman un paisaje idílico


Un kilómetro antes de llegar al bosque ya se escucha el sonido del agua. Al comenzar el sendero empieza un oasis de colores y olores que obliga a sentir, pensar y parar. Verdes y marrones se abrazan y dibujan un paisaje de película en el centro de Galicia. El río Ulla divide los ayuntamientos de Palas de Rei, Antas de Ulla y Agolada y forma los Torrentes de Mácara en pleno corazón de A Ulloa.

Para llegar hay varios accesos: uno desde la N-547, dirección Palas de Rei, justo en el límite de A Coruña y Lugo. Hay indicadores a los torrentes. En Liboreiro hay que tomar el cruce a la derecha, dirección Monterroso. A 200 metros hay otro cruce a la derecha dirección Pambre y Mácara. Un kilómetro después hay un puente sobre el río y, justo antes de este, una pista de tierra con un indicador hacia los Torrentes. El camino se convierte entonces en bosque, y es ahí donde hay que dejar el coche. También se puede llagar desde Palas. Un kilómetro y medio después, dirección Melide, hay que coger un cruce a la izquierda, en la LU-4008, dirección Ramil y Melide. A menos de dos kilómetros del castillo de Pambre, antes de cruzar un puente, a la izquierda aparece el cartel que indica hacia donde están los torrentes. Allí se deja el coche. Entonces empieza el recorrido.

La ruta comienza en un espectacular bosque de castaños y, aunque podría parecer que para llegar basta con seguir el sonido del agua, tras unos minutos el oído se acostumbra y se percata de que ese rugido natural lo invade todo. Por eso hay que seguir las pintadas rojas que están en los árboles y las piedras. El camino transcurre entre árboles y ramas, con un manto de hojas que adornan el suelo. Los madroños nacen en todas las zonas del bosque y forman, probablemente, una de las mayores plantaciones de Galicia. Después de diez minutos de ruta, el río Ulla se divisa entre los árboles. Si hace sol los colores son aún más espectaculares, y es que los rayos se cuelan entre las ramas de los árboles para crear formas, dibujando el camino.

Al empezar, aparece una pequeña caída de agua y hay que bajar por un sendero con barandillas de madera caídas y podridas. Es importante tener cuidado para no resbalar. En algunas zonas hay ganchos para facilitar la bajada con cuerdas, para quien vaya provisto de ellas.

El caudal del río Ulla es una buena muestra de la cantidad de agua traída por la lluvia de las últimas semanas, y la vista es mucho más espectacular que en época estival.

La ruta continúa en este paraíso. El musgo cubre los pequeños robles, abundantes durante todo el camino, y que son buena muestra de la gran calidad que tiene el aire en la zona. Tras algunas subidas y bajadas aparecen más piedras, y lo único que se escucha es el agua de las distintas caídas que se suceden a lo largo del camino.

Se pueden ir haciendo pequeñas paradas a lo largo del sendero para apreciar de cerca la vegetación de robles, castaños, fresnos y avellanos. En esta época, invierno y otoño se funden para llenar de color los Torrentes de Mácara. En una de las zonas de descanso dibujadas por la naturaleza, un tronco caído es un banco con vistas al paraíso.

Senderismo

Los Torrentes de Mácara tienen la orografía idónea para hacer senderismo.

Dificultad

La dificultad es media-alta, con obstáculos como piedras o árboles caídos.

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