«Imos ter que pedir na Catedral»

Los afectados frecuentan el Banco de Alimentos y viven bajo la amenaza de desahucios


lugo / la voz

«Non nos vai a quedar máis remedio que ir a pedir a catedral», asegura uno de los vigilantes jurados de Sequor no subrogados por Prosetecnisa, que cubren sus turnos de trabajo en una caravana estacionada ante la Xunta. Los 17 afectados -16 familias porque entre ellos hay un matrimonio- llevan cinco meses sin cobrar sus salarios. A partir del miércoles serán seis. Son todos ellos trabajadores con antigüedad consolidada, que empezaron muchos de ellos su vida profesional con el copropietario de Cetssa, el conocido empresario lucense Alfredo Mosteirín, fallecido hace unos años.

Los vigilantes viven situaciones límites, que les cuesta relatar. La mayor parte de ellos confiesan que son asiduos visitantes del Banco de Alimentos, de Cruz Roja y de Cáritas. «¿De que ibamos a comer senón con tanto tempo sen cobrar?, señaló uno de los guardias. En general agotaron los ahorros, viven en algunos casos con el agobio del desahucio y tuvieron que malvender algunas propiedades.

Los guardas jurados están en estos momentos en tierra de nadie. Sequor les entregó la documentación para que la nueva empresa, Prosetecnisa, los subrogara y como no lo hizo, tuvieron que demandarla. Mientras no se resuelva la situación, que según todos los indicios acabará en un juicio, los afectados no pueden solicitar las prestaciones por desempleo. A los casi seis meses sin cobrar se pueden sumar, como mínimo, otros cuatro, lo que ha llevado a los vigilantes a una situación de desesperación.

«Levo 17 anos traballando e non choro porque me queda algo de orgullo, pero dado como están as cousas non descarto plantarme na Xunta cos meus catro fillos, fareino porque eles teñen que comer». Este vigilante tiene cuatro hijos y su mujer no trabaja. En su caso no tiene abuelos a los que pedir ayuda en estos momentos difíciles.

«Os fillos -confesaba otro compañero- mantémolos grazas os avós. Menos mal que podemos contar con eles, os que os temos, que son os que nos están axudando a sobrevivir».

Otro de los vigilantes reconoce que está intentando renegociar la hipoteca de su piso con el banco. Lleva varios meses sin pagar las mensualidades porque en su casa no entra ningún ingreso y prevé que en un plazo de cuatro meses no podrá empezar a cobrar la prestación por desempleo a la que tiene derecho. El banco ya le ha mandado varios avisos y el desahucio planea por encima de su cabeza.

«Tuvemos que vender os coches, neste tempo xa gastamos os aforros e as facturas siguen chegando, e por máis que queiramos non podemos pagalas», señaló otro vigilante.

A la falta de recursos económicos se suma también que a partir del mes de agosto quedan fuera de la cobertura de la Seguridad Social. Sequor los dio de baja el 31 de marzo y una vez transcurridos 90 días se quedan sin asistencia sanitaria. «Temos que xestionar outras tarxetas, non só para nos, senón para os pequenos e para quen temos incluidos agora, como teñen que facer os indixentes, cando levamos traballando e formándonos toda a nosa vida laboral». «Non hai dereito, non é xusto o que nos está a pasar».

Los vigilantes de seguridad culpan de su situación no solo a Prosetecnisa por no subrogarlos, sino también a la Xunta. La mayor parte de los afectados trabajaban en centros dependientes de la administración autonómica. Ellos lo tienen claro, a diferencia de Mario Alonso, el responsable de Prosetecnisa para la zona Noroeste. La Xunta tendría que haber actuado por incumplimiento de las bases del contrato y obligar a la subrogación o bien rescindir el contrato. «Dixéronnos -apuntaron- despois de dar moitas voltas que era un problema entre empresas, que tiñan que resolver elas. Iso veu da Consellería de Traballo e Benestar Social».

«Foi peor -puntualizó un guarda- o que lle dixo un responsable do INEM a unha compañeira cando lle foi preguntar cómo podían buscar unha solución para que poideramos ir comendo». «Sen ningún reparo lle contestou ¡átate a unha porta!» «Iso -añadió otro- non mo dín a min a cara porque lle respondo como se merece».

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