El Breogán entra en depresión

miguel álvarez LUGO / LA VOZ

LUGO

Los celestes dieron una patética imagen ante un buen Huesca

03 mar 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

Batacazo del Breogán. Los celestes dijeron ayer adiós a buena parte de sus opciones de disputar el play off. Tardaron un mundo en llegar al Pazo y, tal vez por la derrota en el derbi o tal vez un exceso de autosuficiencia, acabaron al borde del abismo. El Huesca dio una lección a los celestes: tener las ideas claras y una pizca de ambición son fundamentales para sobrevivir en la LEB Oro. Y los locales, ahogados en las pérdidas de balón y víctimas de una lamentable toma de decisiones en el desenlace, reincidieron en pecados pretéritos. Los chupones aparecieron en un final apretado y los aragoneses se dieron un festín en un choque en el que los anfitriones transmitieron sensaciones negativas desde el alzamiento del telón.

La puesta en escena del Breogán fue esperpéntica. Carentes de intensidad, sin ninguna ambición, los celestes enseguida recibieron la tarjeta de visita del Huesca. A los verdes no se les puede hacer concesiones; son el equipo que más rápido la lía desde la larga distancia de la LEB Oro. Así, en un abrir y cerrar de ojos, mientras la cabeza del Leche Río permanecía en Santiago, los aragoneses se hicieron con una abultada renta en el marcador (5-16). Los de Pepe Rodríguez aprendieron de inmediato que los forasteros, fieles a su identidad, no iban a ser una perita en dulce.

Los llantos de los lucenses sobre lo que les pegaron en Compostela fueron anotados al dedillo por Ángel Navarro. Y un equipo que sufre atrás como el Huesca aplicó un punto extra de dureza.

Ralentizados

Poco a poco, el nivel defensivo de los lucenses fue mejorando y el flujo de puntos del Huesca se fue ralentizando. Sin embargo, la falta de consistencia del ataque celeste propició que el esfuerzo atrás no tuviese un reflejo en el marcador. Los aragoneses tenían muy claro a qué jugaban y, a base de zarpazos desde la línea de tres puntos, destruyeron una y otra vez las aproximaciones de un Breogán asfixiado por las pérdidas de balón. El colchón que rondaba los diez puntos, obtenido por los de Ángel Navarro en el primer período, se transformó por momentos en un muro infranqueable para los lucenses.

Ante ese panorama, al Breogán no le quedó otra que apretar los dientes después del descanso. Los celestes, poco inspirados en la defensa colectiva, incrementaron la presión sobre el balón en cada ataque del Huesca y, de esa manera, la diferencia comenzó a disminuir. Los interiores del Leche Río, mucho más corpulentos que los verdes, comenzaron a invadir el territorio debajo de los aros. Y, por primera vez a lo largo de la contienda, los de Ángel Navarro dieron síntomas de debilidad.

El Breogán llegó a cobrar la delantera a falta de nueve minutos (59-58), pero fue un espejismo. El baloncesto colectivo volvió a difuminarse en la parcela ofensiva y, en un decorado de intercambio de golpes. el Huesca se convirtió en rey.