Manuel María López y José Luis López son el primer y último eslabón de la transición entre la ganadería de subsistencia y la ganadería de producción industrial
27 sep 2009 . Actualizado a las 02:00 h.«Con tres vacas e un touro. Así empecei eu». Manuel es tajante al recordar los días de su niñez en que llevaba las reses al campo para que pastasen tranquilas. Más de setenta años han pasado desde entonces, y aunque ya está jubilado, se sigue levantando cada mañana para ayudar a su hijo en el cuidado de la granja situada en Parga (Guitiriz). José Luis es joven; pertenece a esa generación nacida en los setenta, que tuvo la oportunidad de estudiar y buscar un trabajo lejos de los aperos de labranza. Sin embargo, lo tuvo claro: «Isto, máis que un traballo, é un modo de vida que levas desde pequeno»; por eso no lo dudó, y desde hace más de diez años dirige esta explotación familiar que supera ya las setenta cabezas de ganado bovino.
La ampliación de la granja se hizo en el año 2000, cuando se construyó una nueva nave con sala de ordeño y una lechería. A partir de ahí, se compraron más terneras, más terrenos y más cuota para aumentar la producción. ¿El motivo? «A necesidade de subsistir. Para sobrevivir tes que ser cada día máis competitivo».
Competitividad es lo que requiere el agro gallego desde que la entrada de España en la Unión Europea supuso la transición de la agricultura y la ganadería de subsistencia hacia un sistema agropecuario de producción industrial que se encuentra en horas bajas debido a la crisis del sector. Pero, como hombre de campo, José Luis se muestra estoico y afirma, sonriendo, que «hai que adaptarse ao que hai».
Codegui
En 1999, la exigencia de consolidación y expansión llevó a los López a unirse a la cooperativa Guicoaga, que a inicios de este año se fusionó con Gandeiros de Guitiriz, dando lugar a Codegui.
El asociacionismo, a día de hoy, es fundamental para la supervivencia del agro gallego, pues reduce costes, ofrece servicios veterinarios y facilita la comercialización de la leche y del pienso. Sin embargo, herencia del minifundismo tal vez, el trabajo en cooperativas todavía se da a pequeña escala, y la carencia de un grupo lácteo fuerte en Galicia, hace que los productores dependan de las empresas que opten por comprar su leche.
Cuando se les pregunta por el futuro del sector, padre e hijo lo tienen claro: «Non existe, non hai relevo xeracional».