El nieto de una emigrante gallega en Buenos Aires que se reencontró con familiares de Palas gracias a una carta publicada en La Voz lucha ahora por obtener la nacionalidad
10 may 2009 . Actualizado a las 02:00 h.Fernando Otero vino al mundo hace 43 años en Argentina, donde creció escuchando los ecos míticos que su padre, Juan Carlos Otero, le contaba sobre Galicia, la tierra donde había nacido su madre, María Benita Iglesias Meilán. El destino quiso que casi un siglo más tarde, el nieto realizase el mismo viaje que la abuela Benita, pero a la inversa. Hace ahora tres años que Fernando cruzó el Atlántico y se estableció en Madrid para «continuar» con la relación amorosa que desde hacía tiempo mantenía a distancia con una joven madrileña.
Fue entonces cuando empezó a recopilar datos e información que le ayudasen a completar la imagen de su ascendiente, de la que guardaba algunos recuerdos de la niñez, como cuando le daba un billete de diez pesos los domingos por la tarde. Con las averiguaciones también esperaba poder legalizar su situación en España.
Pronto descubrió que Benita había nacido a las tres de la tarde del 23 de marzo de 1899 en Palas de Rei, hija de Andrés y Josefa. Las pistas lo ponían en la senda de los recuerdos de juventud que relataba su abuela, vividos en la parroquia de San Tomé de Filgueira. Lograr esos detalles fue relativamente sencillo, pero a partir de ahí el proceso se complicó. Tras una primera visita fallida a Palas -llegó a Compostela en la Semana Santa del 2008, pero una gran nevada le impidió desplazarse a la población lucense-, decidió escribir una carta a este periódico, en la que solicitaba a los lectores información que pudiera arrojar algo de luz en la búsqueda que había emprendido.
La respuesta llegó al día siguiente de la publicación. Finalmente, por medicación de María Matilde López Rojo, Fernando pudo localizar a Felisa, hija de Filomena -la hermana de su abuela Benita-, y por tanto, prima carnal de su padre. Aunque la mujer reside habitualmente en Sestao, en el País Vasco, finalmente el reencuentro familiar se produjo en Palas de Rei a finales de junio del año pasado.
No fue inscrito en consulado
Fernando regresó a Madrid, feliz por haber conocido a una parte de la familia. Sin embargo, la alegría que sentía aquellos días por haber descubierto una parte importante de su pasado ha dado paso a un sentimiento de impotencia, ya que casi doce meses después no puede presentar el trámite para obtener la nacionalidad española, a pesar de contar con varios documentos oficiales de los que se desprende que sus venas «llevan sangre española».
«Mi padre no tiene la nacionalidad porque mi abuela no sabía leer ni escribir, y cuando tuvo a su hijo, estando ya en Buenos Aires, desconocía que tenía una gran ventaja inscribiéndolo en el registro civil del consulado español», lamenta el hombre, que por el momento ha renunciado a volver a Argentina ante la demanda de su pareja, que desea que permanezca en España.