Los dos nuevos pisos tutelados de Vilalba para enfermos mentales potencian la autonomía de sus diez residentes
14 sep 2008 . Actualizado a las 02:00 h.La idea de un piso compartido puede asociarse con épocas de estudios cursados fuera de casa. Pero participar con otros en las comidas y distribuir las faenas domésticas puede servir como parte de una vida encaminada a la curación y a la consecución de unas condiciones favorables.
Un edificio de reciente construcción ubicado en la rúa do Hospital alberga en Vilalba dos pisos tutelados, gestionados por la Fundación Hospital Asilo. Los residentes son diez, repartidos a partes iguales entre los dos, y sus ocupantes, personas con problemas mentales que no les impiden llevar una vida con autonomía. Desde finales de la primavera están en ese domicilio, al que se trasladaron desde otro lugar del casco urbano de Vilalba.
Cada uno de los dos pisos, que están ocupados desde la primavera, tiene algo más de 120 metros cuadrados de superficie: una cocina, un salón y cuatro dormitorios se reparten ese espacio. En cada uno viven cinco personas: en uno, cinco hombres; en otro, tres hombres y dos mujeres.
Gestiones en el exterior
En esa superficie y en el cercano edificio del Hospital Asilo, a los residentes se les da la posibilidad de llevar una vida en la que participan en actividades variadas. Desayunan en los pisos, pero comen y cenan en la residencia, en donde comparten con los mayores terapias o excursiones y en donde colaboran de maneras diversas: ayudar a poner la mesa y a doblar ropa en la lavandería o intervenir en la atención de la portería son algunas de las tareas que desempeñan en el edificio. Además, no resulta extraño que salgan a la calle por un recado relacionado con el centro. Por las noches, en los pisos están acompañados por personal de la residencia.
Lo que así se busca es que se sientan útiles o que adquieran nuevas competencias o habilidades sociales. Así se refiere, a la hora de establecer los objetivos, Rocío Martínez, psicóloga de la residencia de personas mayores que supervisa el programa. De todos modos, Martínez explica que esas diez personas son enfermas crónicas: siete de ellas sufren patologías crónicas y tres padecen otras deficiencias.
Pautas de convivencia
Los que viven en los pisos tienen entre 18 y 60 años. Esa edad es la mínima para ingresar en una residencia de personas mayores, aunque para entrar en un piso como este se necesitan varias condiciones: la presentación de un informe psiquiátrico y la demostración de la posibilidad de cumplir unas pautas de convivencia son dos de ellas, si bien haría falta además una tercera, la existencia de plazas libres, que no se da en estos momentos.
Cada una de las personas que viven en los pisos pagan al mes una cantidad simbólica, unos 100 euros, mientras que la Fundación Hospital Asilo cubre el resto de los gastos. Por otra parte, cada mes o con otra frecuencia los residentes en los pisos pueden visitar a sus familias. Basta con avisar antes al personal que los controla, aunque pueden existir problemas que desaconsejen esos viajes: si no es así, la psicóloga incluso destaca la conveniencia de que sigan manteniendo sus vínculos familiares.
Esas 10 personas son de diferentes lugares de la provincia. Algo que también se puede dar, volviendo al principio, en cualquier piso de estudiantes.