Mayores marchosos en Vilalba

Xosé María Palacios josemaria.palacios@lavoz.es

LUGO

21 ago 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

Vilalba fue ayer más cruce de caminos que nunca. Varios miles de personas -la organización calculó que unas 12.000- participaron un año más en la fiesta de la tercera edad. Las instituciones a veces usan las palabras no se sabe muy bien para qué, y la cita de ayer, organizada por la Xunta, forma parte de lo que oficialmente se llama Lecer dos nosos maiores.

Aunque estamos en verano y hablar de asuntos matemáticos parece más propio del período escolar, la suma de buen tiempo y ganas de diversión ofrece un resultado invariable, la fiesta segura. Y como este verano los días de buen tiempo juegan a aparecer y a desaparecer para inquietud de muchos, unos rayos de sol alegran tanto como una medalla de los deportistas españoles en los Juegos Olímpicos de Pekín.

No hay fiesta que merezca tal consideración si carece de menús adecuados y de algo de música que anime a echarse un baile. Para tranquilidad de los que confían en la pervivencia de ciertos ritos, los que acudieron ayer a Vilalba no volvieron a casa con el estómago vacío ni con el espíritu apagado por no haber echado unas piezas.

Hubo grupos folclóricos y orquesta para animar la estancia, y hubo muchos asistentes llegados de Galicia pero también de las vecinas y amigas tierras de Asturias y de Castilla y León.

A la fiesta asistieron el vicepresidente de la Xunta, Anxo Quintana , y el conselleiro de Innovación e Industria, Fernando Blanco ; pero también la delegada provincial de Vicepresidencia, Branca Rodríguez Pazos , los alcaldes de Mondoñedo, Ribadeo y Riotorto entre otros y diversos concejales de varios municipios. A la comida oficial no se quedó el vicepresidente de la Xunta, pero sí asistió una representación de la corporación municipal vilalbesa encabezada por el alcalde, Gerardo Criado . Unos, al sol, y otros, de sobremesa. Por la tarde, unos bajaron a la playa fluvial para aprovechar el sol y ligar un poco de bronce mientras cerca flotaba el inconfundible ambiente de las grandes sobremesas.