«¿Como che parece que vou estar de ánimo?»

LUGO

El ganadero cuya explotación sufre lengua azul lamenta la suma de daños

13 may 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

Para la historia ha quedado la frase con la que Felipe II recibió la noticia del desastre de la Armada Invencible: «Yo no he mandado a mis naves a luchar contra los elementos», dijo el rey en cuyos dominios no se ponía el sol. Y ahora, cumplidos cuatro siglos del hundimiento de la flota, hay quienes, en tierra adentro y sin barcos que vayan a luchar contra Inglaterra, parecen condenados a luchar contra los elementos.

El caso de Carlos Otero Rivas podría ser uno de ellos. Comparte una explotación en Silva (Pol) con su mujer, que de hecho, dice él, es la titular de la granja. Un total de 39 vacas de leche llegaron a esa parroquia con vistas a continuar una actividad, la ganadera, que ya tenía en marcha en el vecino municipio de Guitiriz.

La experiencia y la posibilidad de aprovechar el buen momento del precio de la leche -que se pagaba al productor, como recordaba ayer, a algo más de 0,50 euros por litro- lo animaron a sumarse a este proyecto.

La calidad de los animales parecía más que asegurada. Se trataba de vacas frisonas de buena calidad, capaces de dar más de 30 litros de leche al día y con un precio en el mercado que ronda los 3.000 euros por cabeza. Una res murió al poco de llegar a la explotación, pero eso no parecía señal de nada.

En cambio, como si de una inesperada tormenta en alta mar se tratase, últimamente se han precipitado los acontecimientos. En primer lugar, los análisis han desvelado sendos casos de lengua azul, lo que obliga a inmovilizar la explotación aunque, como manifestaba ayer el ganadero, la leche se sigue recogiendo.

En segundo lugar, la inmovilización impide, entre otras cuestiones, la venta de terneros frisones. Como ya ha publicado su periódico, el precio de esos animales está bajo, al nivel de hace años, pero la imposibilidad de venderlos incrementa los perjuicios: no solo no pueden venderse sino que están en la explotación y hay que gastar en alimentarlos.

En tercer lugar, el precio de la leche ha bajado en los últimos meses, de modo que en estos momentos, como reconocía ayer Carlos Otero, se cobran unos 12 céntimos por litro menos que cuando preparaba esta nueva explotación. Por todo ello, respondía con una pregunta bien clara cuando se le preguntaba por el ánimo con que afrontaba este contratiempo: «¿Como che parece que vou estar de ánimo?», decía. La aparición de las reses enfermas parecía inesperada: «Díxose que as vacas viñan libres e agora resulta que hai dúas», comenta.

Perjuicio

«Madia leva». Breve y claro se muestra el ganadero cuando se le pregunta por el mazazo económico de esta situación. El problema, dice, se presentó 14 días después de la llegada de las vacas a la explotación. Desde entonces, los análisis practicados confirmaron el problema, y desembocaron, según fuentes de Medio Rural, en el sacrificio de los dos animales.

Un veterinario que trabaja en concellos de Terra Chá y que prefirió no revelar su nombre manifestó ayer a este periódico lo mismo que el ganadero, aunque con otras palabras: el verdadero perjuicio recae sobre el granjero.

En principio, el ganadero esperaba la posibilidad de contar con un seguro que por un mes protege al ganado llegado de fuera: esa circunstancia puede fundarse en que solo pasaron 14 días entre la llegada de los animales y los correspondientes análisis. Era además la primera vez que animales suyos presentaban algún problema relacionado con la sanidad.

Ayer por la tarde, en Pol y en otros municipios cercanos, cayó una tormenta, aunque seguramente muy inferior a la que dañó aquellos famosos barcos mandados por Felipe II. Pero igual que ese rey es recordado por sus importantes triunfos, los ganaderos y los que viven cerca de ellos seguramente esperan que se hable de su esfuerzo y de su capacidad para superar adversidades.