La emblemática marca nacida en 1950 afronta una etapa decisiva, pendiente de los planes que se trazan desde un despacho alemán
05 sep 2026 . Actualizado a las 13:58 h.Difícil resulta encontrar entre los que empiezan a peinar canas y entre los que lo hacemos desde hace ya tiempo, a alguien que no atesore algún recuerdo de infancia —y no tan de infancia— ligado a uno de los modelos que han salido de la cadena de montaje de Seat. Una compañía con tres cuartos de siglo largos de vida, y todo un símbolo de España —de la de todas las épocas, no solo de la de posguerra—, cuyo futuro, paradójicamente, se juega ahora en un lejano despacho de la Baja Sajonia germana.
La Sociedad Española de Automóviles de Turismo (SEAT) se creó en 1950 auspiciada por el régimen franquista y, siete años después, comenzó a forjar su leyenda como emblema del país. Fue en 1957, coincidiendo con el estreno del Seiscientos en las carreteras españolas. Si es que algunos de los tramos que conectaban entonces las localidades de España eran merecedores de tal nombre.
Más de tres millones de personas tuvieron un pelotillo —otro de los nombres con los que se referían cariñosamente los españoles al popular automóvil— entre los sesenta y los setenta.
Aquella máquina podía alcanzar, como mucho, los cien kilómetros por hora. Una cifra discreta. Sobre todo, comparada con los innumerables momentos de felicidad que proporcionó a las familias patrias camino de su merecido asueto los domingos. A menudo abarrotado. No estaban hechas aquellas cuatro plazas para las familias numerosas de la época. Pero, qué más daba. No iban a dejar a ningún miembro del clan atrás. Sin playa, montaña o lo que fuese que hubiesen planeado para ese fin de semana.
Su precio en los primeros años: 65.000 pesetas. Algo menos de 400 euros. Claro que entonces nadie podía ni siquiera imaginar que algún día compartiríamos moneda con los alemanes. Pero, esa, es otro historia.
Por aquel entonces un décimo de la Lotería de Navidad costaba 400 pesetas y el Gordo repartía tres millones: 300.000 pesetas al décimo. El sueldo medio de los españoles rondaba por las mil al mes. Así que pocos podían permitirse el lujo de pagarlo a tocateja. Lo hacían abonando religiosamente cada mes la letra del coche. Y es que Seat fue también pionera en eso de la financiación a plazos.
El Seiscientos acabó convertido en un símbolo del desarrollismo económico que ayudó a España a sobreponerse a la ruina de la posguerra, colocando a muchos de sus habitantes en la naciente clase media de la época.
Quedan en España unos 10.000 pelotillos en circulación. Seguro que si tienen la suerte de cruzarse uno en su camino les arranca una sonrisa y les despierta la nostalgia.