El escultor Xoán Vila expone desde hoy, en el auditorio, una selección de su obra, que da protagonismo a la madera
22 feb 2008 . Actualizado a las 02:00 h.El bosque ha entrado en el auditorio municipal de Vilalba. Desde los alrededores del edificio se ve bien la abundante vegetación que todavía rodea a la capital chairega por el oeste, pero en este caso han brotado varias decenas de plantas cuyos troncos se exhiben en la sala de exposiciones. Tal prodigio bien puede interpretarse como una muestra más de la capacidad del arte para recrear la realidad y presentarla de modo diferente.
La responsabilidad debe atribuirse al artista lucense Xoán Vila, que hoy, a las ocho de la noche, inaugura en la localidad la exposición Entre dous séculos, organizada por el Instituto de Estudos Chairegos (Iescha). El nombre de la exposición resulta revelador de la intención del escultor, pues las piezas fueron elaboradas en la última década y en lo que va de la actual. Tres secciones -Luces e sombras, Interiores y Luz e vida- se reparten la selección de obras incluidas en la muestra hasta sumar en total 32.
Pero si la exposición ofrece obras esculpidas en dos décadas distintas y susceptibles de agruparse en tres apartados, más homogénea resulta desde el punto de vista del material elegido para ello, pues prácticamente el 90% de las piezas -el cálculo corresponde a Xoán Vila- son de madera.
Tres árboles
El castaño, el carballo y el teixo son los árboles que suministran la práctica totalidad del material que Vila emplea. Poco importa que él, lucense, viva en esa Galicia interior acostumbrada a bajas temperaturas en algunas épocas del año, pues lo que precisamente encuentra y valora en esas maderas es una cualidad muy diferente: «A madeira -decía ayer- é cálida, máis ca o ferro, e ten outra textura». Pero incluso dentro de las maderas hay distinciones, ya que, afirma el escultor, las que él usa «son máis sólidas, aguantan moito máis ca outras».
Fondo y forma no parecen muy alejadas entre sí en este caso. Vila explica que «o fío condutor da exposición son as luces e as sombras da vida», pero advierte de que presta más atención a las luces que a las sombras y de que su ánimo se inclina más al optimismo que al pesimismo.
Que el artista se decante por una determinada actitud vital puede responder a una elección concreta, de igual modo que la técnica elegida es una opción a la que ha llegado tras un recorrido de índole artística y vital. Vila recuerda que empezó cultivando el realismo como un niño que en la escuela comienza a escribir imitando en su caligrafía letras de otros hasta que un día siente la tentación de romper ese molde y lo hace. El escultor llegó a cultivar tanto la técnica realista que, dice, se adentró en el hiperrealismo. Ahora, sin embargo, esas técnicas no le resultan tan necesarias como lo eran antes y han dejado paso al expresionismo: «Sérveme ben para o que eu quero expresar», dice.
Técnica e idea
Lo que el espectador observa debe ser un reflejo de la capacidad del artista, cuyo deber, explica, es dominar «a técnica e a idea». Vila considera que la exposición ofrece una muestra de la continuidad de su obra, en la que lo principal resulta «o xogo de luces e sombras». Es, en cierto modo, el mismo contraste que puede encontrarse en un bosque, en donde los claros alternan con la sombra que dan los árboles.