Una noche gélida y solidaria

LUGO

Los padres encerrados en Portomarín pasaron mucho frío al estropearse la calefacción a las 4 de la madrugada

01 dic 2007 . Actualizado a las 02:00 h.

La frase de que un padre es capaz de hacer cualquier cosa por un hijo se cumplió en toda su extensión en la noche de ayer en la que los progenitores de los nueve niños de las parroquias de Vilaxuste y Recelle, en Portomarín, estuvieron encerrados en la Casa Consistorial para reclamar el transporte escolar para que sus vástagos puedan desplazarse al colegio de Guntín.

La mañana fue el momento más llevadero, entre la novedad de la situación, la emoción del momento y la presencia de los medios de comunicación, las horas pasaron rápido.

Después de la comida, alrededor de media tarde, lo mejor para recuperar fuerzas no podía ser otra cosas que la visita de los niños. Como es natural los más pequeños no entendían demasiado lo que hacían sus padres, aunque de lo que sí estaban convencidos es de que estaban actuando bien. Fue el que se puede considerar el momento más emotivo del encierro a pesar de que sólo llevaban unas horas de protesta.

La despedida de los niños fue lo más duro, pero después del inevitable bajón los ánimos volvieron a subir con la visita de numerosos amigos que nunca venían con las manos vacías. Termos con café, una botellita de aguardiente de la tierra y ricas viandas fueron llegando hasta el voluntario encierro para paliar la soledad de los encerrados.

Después de la cena si que se puede decir que no cambiaron en exceso las cosas a lo que hubiera sucedido si estuvieran con sus familias. En toda protesta galaica que se precie no puede faltar la baraja y el tute fue el responsable de mantener ocupados a los responsables de la protesta durante varias horas.

La partida dio paso a una larga tertulia en la que también intervinieron las personas que se encargaron de vigilar el Concello y que estaban tan aburridas como los autores de la protesta. Muchas confidencias se quedarán para siempre en las esquinas del salón de plenos.

Lo peor fue cuando cayeron las horas y ya no había fuerzas para aguantar el sueño. Llegó el momento de tumbarse en las hamacas o en los sacos de dormir. Los labradores son hombres de campo, pero no de dormir fuera de su cama y conciliar el sueño, fue una tarea casi imposible.

Poco a poco fueron cayendo en brazos de Morfeo y cuando mejor estaban durmiendo alrededor de las 4 de la madrugada despertaron ateridos de frío como consecuencia de una avería en la calefacción, por lo que tuvieron que paliar el frío como pudieron.

Con la llegada de los primeros rayos de luz volvieron los ánimos al leer los periódicos del día. La prensa fue benévola y su respuesta tuvo eco.

Lo más duro fue descubrir hoy de nuevo que ni Educación ni la alcaldesa están dispuestos a ceder.