La que hoy conocemos como Puerta de Santiago, en el siglo XII le llamaban Postigo, Posticu, Porticu y en la Edad Moderna, Pexigo. De este nombre cabe deducir que el postigo era un paso estrecho que se abría en otra puerta más grande, de madera o de piedra. Lo más probable es que la antigua puerta romana adaptase su anchura al paso de una persona convirtiéndola así en una puerta de menor importancia y uso restringido, como lo debió de ser en la misma época la Porta das Torres do Conde o Falsa que en el siglo XIV tenía el mismo nombre. Desconocemos como era antes de la reforma efectuada en 1759 por el obispo fray Francisco Izquierdo y Távira (1748-1762). A partir de ese momento la puerta se conoce como de Santiago, por ser la salida a la carretera que conducía a esta ciudad y por tener en una hornacina una imagen de Santiago Caballero. Por los datos obtenidos en las prospecciones arqueológicas efectuadas en 1998 parece que la puerta existente en la actualidad es una modificación de otra romana, con estructura similar a la Miñá. Teniendo en cuenta que el nivel original está a varios metros de profundidad tal vez el paso actual se encuentre a la altura del primitivo cuerpo de guardia.