En directo | Una exposición de cultura castreña El museo prehistórico vilalbés ofrece un acercamiento a formas de vida de hace 2.000 años divulgando las características económicas y sociales del noroeste peninsular
27 oct 2006 . Actualizado a las 07:00 h.El territorio que actualmente pertenece al norte de Portugal, a Galicia, al occidente de Asturias y al noroeste de Castilla y León comparte algo más que problemas derivados de sus malas infraestructuras y de las vicisitudes que acompañan a las obras de mejora. Analizándolo desde una perspectiva histórica, se observa que compartieron un sistema de vida similar desde finales de la Edad del Bronce, en torno al siglo IX antes de Cristo, hasta entrada la era cristiana. La exposición Os habitantes dos castros , inaugurada ayer en el museo prehistórico y arqueológico vilalbés, explica en siete paneles -territorio, asentamientos, organización interior, economía, vida cotidiana, artesanía y arte- cómo eran esos asentamientos. En primer lugar, no todos los castros se ubicaban en el mismo lugar: podían estar en llanuras -así ocurría con el de Lanzós-, en laderas -fenómeno que se dio en Belesar-, en oteros -es paradigmático el de Viladonga, pero también el de Vilamaior (San Simón) y el de Xoibán- o junto al mar -como se ve en Fazouro (Foz) o en As Grovas (Ribadeo)-. Dentro de los castros no se observa urbanismo -como explica el director del museo, Eduardo Ramil, que ejerce de guía-, pero sí se percibe una ordenación del territorio aunque una primera imagen dé sensación de anarquía. En primer lugar, cada familia tenía varias construcciones, que empleaba para usos diferentes; en segundo, no todas las ordenaciones interiores son iguales: pueden ser lineales -como en Viladonga-, nucleares -como en Santa Tegra (A Guarda)- o elípticas -como en Baroña (Porto do Son)-. Sin idea de pueblo Para explicar cómo era la vida cotidiana de los castros Ramil subraya que probablemente los moradores no tenían idea de pertenecer a un pueblo concreto. Agrega que los nombres se conocen gracias a los romanos, que no precisaban la ubicación de esos grupos: a pesar de todo cabe suponer con fundamento que el territorio que hoy forman Ferrolterra, Ortegal, Terra Chá, A Mariña y el Occidente asturiano estuviese habitado por ártabros, arrones, egivaros y albiones en el período castreño. Las actividades económicas no eran las mismas en la costa que en el interior, si bien no es aventurado suponer que la agricultura y la ganadería ya predominaban entonces en Terra Chá. El período castreño nos ha dejado formas de artesanía muy conocidas, con decoraciones geométricas. Ramil destaca que otros motivos frecuentes en la decoración aparecen también a la orilla del Mar Egeo o del Mediterráneo, lo que se explica, dice, por la actividad comercial desarrollada con esas zonas. La cultura castreña, de todos modos, llegó a esta parte de la península pero también a otras que se caracterizaron por una romanización anterior. Será que la situación esquinada del Noroeste ya era un inconveniente hace 2.000 años o que, como se lee en el Antiguo Testamento, no hay nada nuevo bajo el sol.