En directo | Una caminata con la tercera edad Casi doscientos cincuenta mayores de 60 años, participaron ayer en «Imos andando», una marcha a pie de ocho kilómetros entre el centro urbano y la depuradora de aguas. Además de hacer ejercicio, los mayores aprovecharon para contar viejas batallas
24 jun 2006 . Actualizado a las 07:00 h.SALIDA DE LA PRAZA MAIOR. El alcalde, José López Orozco, encabeza el grupo que se dirigía hacia la praza de Santa María para subir al adarve, por el que completaron una vuelta a la muralla RECUPERÁNDOSE DEL ESFUERZO. Los mayores reponen fuerzas y compensan el sufrimiento al fianlizar la marcha COMIDA CAMPESTRE. Los pinchos de croquetas, queso, empanada y otros aperitivos, fueron servidos por un restaurante lucense ?os mayores no paran. Alrededor de 250 lucenses de más de 60 años participaron ayer en Imos andando , una marcha a pie organizada por el Concello que recorrió ocho kilómetros entre el centro urbano de Lugo y la depuradora de aguas situada en la carretera de Ombreiro. Con chándal, deportivos, pantalones piratas y mucho humor, el pelotón de mayores completó sin complejos el recorrido. «¡Se nos visen os nosos vellos a vida que nos damos!», suspiró una de las participantes. Casi todos los andarines asistieron durante la temporada a cursos de gimnasia y natación, o pertenecen a asociaciones de jubilados. Pero algunos, como Manuel y Milagros que no sabían de la actividad, se engancharon al grupo ya en marcha. «Non vades ter plato, que hai que estar apuntados», alguien advirtió. Pero ayer no faltó comida para nadie. Recorrido La salida tuvo lugar puntual, a las once y media, de la praza do Concello, y el grupo de alrededor de doscientas cincuenta personas se dirigió hacia la praza de Santa María para subir al adarve. Los mayores completaron una vuelta a la muralla en el sentido de las agujas del reloj, acompañados un pequeño tramo por el alcalde, José López Orozco. Alguien recordaba después que se hizo a muy buen ritmo, en 30 minutos. Tras finalizar la vuelta, salieron por la Puerta de Santiago hacia la calzada romana y llegaron al río Miño. Allí, sobre las una menos cuarto los participantes realizaron un avituallamiento de líquido y frutas para afrontar con nuevas energías la última hora del recorrido, que finalizó sobre las dos en la depuradora de aguas. Protección Civil, la Cruz Roja y la Policía Municipal acompañaron la marcha. Las vías romanas, la muralla y la calzada, fueron los tramos más trabajosos. Las arenillas del adarve hicieron estragos en el interior del calzado de los caminantes y la empinada cuesta abajo pasó factura a las rodillas de muchos. Las mujeres tuvieron una dificultad añadida. «Os homes téñeno máis fácil, póñense contra un árbol e xa está». Y así hubo una procesión continua de grupitos que se echaban a un lado discretamente, porque las colas en los servicios, no eran solución. Pero a muchas no hay obstáculo que se les resista, Como a Lina, que marchó en cabeza durante toda la jornada y al finalizar recordaba que había sido la primera. En la cola del grupo, sin embargo, Carmen, se quejaba de la distancia. «Esto no está para los pollitos. Es lo que nos queda a los viejos, comer poco y caminar mucho. Si le hiciese caso a mi médico tendría que ir hasta Rábade y volver todos los días, pero para mí es un sacrificio. Mira Chelo, esa sí que anda, con 72 años y qué ágil está, no va de primera porque se despistó». Aguardiente de San Juan El grupo fue bullicioso como el que más. Porque hacer un poco de ejercicio está bien, pero batallitas y recetas, no podían faltar. Alguien contó que cuando vio, allá por los años 50, un borracho en Nadela, pensó que lo del alcohol se iba a acabar. «Y mira hoy los jóvenes. En mi casa éramos seis y teníamos que repartir una botella de vino entre todos». Su compañero recuerda cuando en los bares se pedía «un vasito de oranxe, que venía en una botella que tenía una bola de cristal en el tapón. No, no era gaseosa». «Con las nueces del día de San Juan puede hacerse aguardiente. Seis nueces por litro. El mejor jarabe que hay», dice Lina, quien recuerda que el pan de Nochebuena no se pudre. «Yo guardo en mi casa un trozo de cada año». «Ni el del día de San Antonio», aseguró otra participante. Y así entre bromas y cuentos, los mayores fueron andando el camino, y quien más y quien menos acusó el cansancio en el tramo final, de ligero descenso entre Los Robles y la depuradora de aguas. «Dicían que oito kilómetros. Son galegos»; «Vamos llegando y nos va llegando también»; «Yo aún tenía agujetas de ir a nadar ayer», y todo eso que se oye en los pelotones de cualquier edad y condición cuando ya los kilómetros van pasando factura.