Una avenida que se expande

Antonio Cendán VILALBA

LUGO

CHECHU RÍO

Reportaje | Crecimiento urbanístico en Vilalba En los últimos cinco años fueron edificados todos los solares que estaban disponibles en la zona de Guntín, en la parroquia vilalbesa de Sancobade

05 may 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

Que la Avenida Terra Chá es la principal zona de expansión de la capital chairega y su comarca ha dejado de ser un tópico para convertirse en una realidad de la ya nadie duda lo más mínimo. Hace escasamente un cuarto de siglo era un barrio rural de aldea, conocido como Guntín y perteneciente a la parroquia de Sancobade. En aquel entonces, finales de los años setenta y principios de los ochenta, una gran parte de su vecindario se dedicaba todavía a labores agrícolas y ganaderas. El cuartel, referencia El referente que utilizaban para referirse al lugar donde vivían era la Casa Cuartel de la Guardia Civil. «En Sancobade, un pouquiño máis abaixo do Cuartel da Garda Civil», rezaba la eterna expresión con la que aludían a su barrio, una agrupación de casas surgida entre los años 1950 y 1970 en las inmediaciones de lo que en el futuro se convertiría en el gran centro hostelero de toda la comarca. La mencionada expresión se podía escuchar en lugares tan distintos como los centros oficiales, entre ellos el Ayuntamiento o también a los niños en los colegios. Sin embargo, hoy ya es historia. A nadie se le ocurre hacer uso de la misma porque carece de sentido. Es más, era tal la dependencia que tenían de las instalaciones de la Benemérita que, en los crueles días de invierno cuando se cortaba el suministro eléctrico por las inclemencias climáticas, todos salían a la calle a ver si había luz en el cuartel. Si era así, los problemas estaban en su propia red, con lo cual tardarían algunos en días en solucionarse. Si por el contrario también carecían de suministro eléctrico en el acantonamiento de la guardia civil, las deficiencias podían considerarse menores y pronto se solventarían. Tampoco en la actualidad se recurre a este ancestral método, entre otras razones, porque el cuartel ya no se divisa desde lo que fue el viejo barrio. El motivo no es otro que la constante construcción de nuevos y gigantescos inmuebles que han sustituido a las tradicionales casiñas, viviendas unifamiliares que durante más de dos décadas se fueron edificando por parte de particulares que disponían de sus propios terrenos en los que además de sus casas, las partes posteriores servían como airas en las que desarrollaban distintas labores agrícolas y ganaderas. Hoy la construcción de casas por parte de propietarios de terrenos de cultivo que habían heredado por parte de sus ancestros es historia. El actual sistema ya no se lo permite. Ni tampoco a la mayoría de los ciudadanos particulares acceder a las antiguas parcelas debido a que su precio se ha multiplicado, en algunos casos hasta por mil, en relación a la cotización que tenían a principios de la década de los ochenta. Complejo hostelero Si antaño era el cuartel de la Guardia Civil la principal referencia para los habitantes del barrio de Guntín, desde 1985 lo es el Hotel Villamartín. Su construcción, que se inició a principios de los ochenta, junto a otras instalaciones anexas que dependían directamente de él, lo han convertido en principal referencia para muchos vecinos de Sancobade y también para las constructoras, aunque por motivos bien distintos. Los primeros para ubicar el lugar en que se encuentran sus tradicionales viviendas, mientras que para los segundos se ha convertido en una extraordinaria oportunidad de negocio en una época en la que la riqueza se mide por los metros cuadrados edificables que se tienen o por el número de ladrillos que se disponen. Cuando se inició la edificación del complejo hostelero, en 1981, la práctica totalidad del terreno que estaba sin edificar se la daba uso agrario. Solamente diez años después se invirtió completamente la tendencia, aunque tendría que esperar todavía un lustro más para ver el esplendor urbanístico del barrio, convertido en una especie de «Marbella chairega», con la gran diferencia de que en la zona no hay blanqueo de dinero, ni tampoco presuntas irregularidades urbanísticas que afecten a la armonía de la flamante avenida de Terra Chá, aunque la construcción de nuevos edificios es incesante. Como consecuencia de ello, el precio del metro cuadrado se ha disparado de manera casi espectacular, pasando de los 12 euros que costaba en 1980 a los más de 200 que se han llegado a pagar en la actualidad. Además, como en cualquier subasta, las cotizaciones de ese tan preciado bien que se ha convertido el suelo van en aumento a medida que pasan los años, siendo el periodo 2000-2005 cuando más se está notando esa constante alza. Juventud Todo ello ha hecho que proliferase un extraordinario número de inmuebles y también de grúas. En los primeros viven una media de veinte familias y sus procedencias son muy distintas. Éstas van desde jóvenes vilalbeses que acceden a su primera vivienda hasta otros procedentes de lugares tan distantes como los municipios de Begonte o Guitiriz, que ven la oportunidad de comprar un piso en una zona nueva que ofrece los mismos servicios que una gran ciudad, pasando por gentes que proceden de la extensa zona rural vilalbesa y que se incorporan al principal núcleo urbano de Terra Chá. La «fiebre» compradora no se para solamente en los que desean comprar nuevas viviendas, también se ha incrementado notoriamente el número de comercios y negocios. En la zona se han ubicado, además de los clásicos negocios de hostelería, otros que albergan distintos oficios y profesiones, así como algunos de servicios, al que era impensable cuando era una simple barriada. Lo que se echa en falta, tanto por el tradicional vecindario como por los nuevos residentes, es un supermercado.