Crónica Al trabajo no se puede ir con el estómago vacío; al mar, duro como es, menos. Ayer se estrenó la cocina del «Currana Un», un palangrero de Celeiro listo para salir a faenar
24 feb 2006 . Actualizado a las 06:00 h.Lo normal es que un barco huela a pescado, ¿cómo puede oler a cocido? La explicación de estos densos aromas de tierra, que no de mar, está en la cocina del Currana Un , palangrero de fondo de Celeiro que hoy debe estar ya en ruta hacia Gran Sol para hacer su primera marea. El barco es tan nuevo que todo está de estreno. Del puente a la máquina, y desde luego, la cocina. A José Ramón Seijo Rodríguez, O Malangas , lo pillamos in fraganti, en medio de las perolas en las que encontramos el cuerpo del delito: lacón, chorizos, ternera, cachelos, por supuesto sopa; también pollo cocido, empanada de bacalao y de bonito. Huele que alimenta, el estómago y el espíritu. «É que levamos mariñeiros indonesios, e como son musulmáns e non comen carne de porco hai que telo en conta», explica el cocinero. Patatas y arroz La incorporación de tripulantes foráneos a los pesqueros de A Mariña no ha llegado al punto de tener que cambiar los menús del rancho de a bordo, pero sí a tener en cuenta que vienen de otra cultura, incluida la gastronómica, en la que, por ejemplo, el arroz desbanca a las patatas. Aún así, en el avituallamiento del Currana Un -explica Seijo- a bordo van 350 kilos del tubérculo frente a los diez de arroz. La mano del experto Dicen los expertos que lo que hoy se conoce como cocina marinera, platos tan deliciosos como la marmitako vasca, o las caldeiradas, tienen su origen en las pequeñas cocinas de los viejos barcos de madera. Entonces se hacía de restos, o con las especies que tenían menos valor en el mercado; hoy comer a bordo, bien, mal o regular, depende de la mano del cocinero. De su pericia con los víveres, y el uso de la «sal y la pimienta justa», depende en ocasiones el humor de los marineros. En el mar, el escaso tiempo de ocio se vive preferentemente en el espacio común que linda con la cocina. Al trabajo no se va con el estómago vacío, es una máxima de los abuelos que sigue vigente.