OPINIÓN | O |
03 dic 2004 . Actualizado a las 06:00 h.COMPARTO con Francisco Pérez el cariño por esta tierra en la que nací, mi condición de cazador, ser socio de esta sociedad desde 1977, el haber trabajado por la caza en diversos ámbitos (los últimos ocho años en la junta directiva de la Federación Galega de Caza, aunque en este momento en una segunda fila como adjunto a la presidencia) y también mi preocupación por el futuro de la caza. Esta preocupación, en mi caso no nace con la problemática de los daños, tema capital en este momento, ni siquiera con la Ley de Caza. Estas cuestiones no serían tan graves si no formaran parte de un halo de «modernidad mal entendida» que abarca todo lo relacionado con las actividades que socialmente no están tocadas por esta varita mágica del «ecologismo de Walt Disney», donde la muerte se ha convertido en tema tabú, véase la prohibición de la caza del zorro en Inglaterra, la prohibición de las corridas de toros en Barcelona, etcétera. Estamos creando una sociedad en la que no es correcto explicar que los pollos viven en granjas, con el único fin de ser sacrificados para alimentarnos. Lo «políticamente correcto» es que el pollo aparezca en el supermercado, despiezado, en unas bandejas «asépticas a la vista» para que sólo trascienda el filete de pechuga, no el animal como tal. Creo profundamente en el valor y en la necesidad de unas organizaciones civiles fuertes, no para hacer política partidaria con vocación de cambiar gobiernos, del ámbito que sean, para eso están las elecciones, en las que como ciudadanos individuales participamos.., sino que deben tratar de influir en los distintos órganos de la Administración para que su acción sea la más favorable a un colectivo, dentro del interés general. Por esta razón he creído interesante trabajar en pro de la caza desde la Federación Galega de Caza. No es necesario decir que la Ley de Caza de Galicia emanó, como todas las leyes, del Parlamento, donde están nuestros representantes democráticos elegidos. Invito a todos a leer las aportaciones de los distintos grupos políticos al texto de la ley en forma de enmiendas. Más de uno se sorprendería. Los cazadores en ese momento debíamos aspirar a ser oídos. Así lo hicimos, aunque hay que decir que en el caso de la ley, nuestra aportación sólo pudo ser escasa. No se puede decir lo mismo de la redacción del reglamento, donde sí pudimos exponer ampliamente nuestras posiciones y ese desarrollo reglamentario ha conseguido aspectos positivos para la caza y los cazadores. Uno de los puntos cardinales de la Federación es la defensa de la caza social, tan arraigada en nuestra tierra y creo, humildemente, que se ha conseguido. La práctica totalidad de los antiguos cotos de caza existentes en 1977 han logrado transformarse en tecores societarios mediante diversas fórmulas existentes. Tratamiento de daños Sin duda, éste era uno de los puntos clave para afrontar nuevas etapas, y creo que se ha superado con éxito. En este momento, los cazadores estamos afrontando otra dificultad de gran calado, la responsabilidad por los daños. Esta misma dificultad es la que afrontan el resto de las comunidades autónomas, pues el tratamiento de los daños es similar en todas ellas. La Federación no ha permanecido inactiva estos años respecto a este asunto. No hace muchos días, se ha firmado un protocolo con la Consellería de Medio Ambiente basado en los puntos que se recogen en un acta que resume el trabajo de muchos meses, donde figuran acuerdos tan importantes como el compromiso de estudiar las reformas legales sobre la responsabilidad por daños. Si queremos tomar como base otros modelos europeos, son necesarios cambios en la Ley de Caza y también en la normativa estatal. Sin entrar en términos concretos, lo que no cabe duda es que los cazadores sí queremos mantener nuestro concepto social de la caza, no podemos buscar soluciones simples para un problema tan complejo. Se pasó de la nada, a pagar indemnizaciones directamente. Se me antoja que queda en medio un largo camino que hemos de recorrer entre todos, hacer un gran esfuerzo en la prevención de esos daños. Lo que sí es cierto es que la situación actual es injusta, los cazadores no podemos ser los únicos responsables en las diversas y diferentes casuísticas de los daños. es el socio número 232 de la Sociedad de Caza Chamoso, del municipio de Castroverde.