La ciudad de metal

La Voz M. G. B. | VIVEIRO

LUGO

XAIME F. RAMALLAL

Crónica | Una visita a la fábrica de Alcoa en San Cibrao El conselleiro de Medio Ambiente, XoséManuel Barreiro, visitó la fábrica tras firmar con Alcoa un convenio para invertir 18 millones en mejoras medioambientales

15 oct 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

La última vez que la ahora Alcoa San Cibrao invitó a los periodistas a recorrer el complejo industrial mariñano, la fábrica todavía era propiedad del Estado a través de Inespal. En aquella ocasión acompañábamos al entonces conselleiro de Industria, el polémico Juan Fernández, que en medio del recorrido nos soltaba una pequeña bomba informativa que después se quedó en agua de borrajas, las tremendas posibilidades de que la planta de gas, de la que se hablaba tanto en aquella época, se instalara en Viveiro. Después se optó por Ferrol, pero en ese instante casi eclipsó la gira por la fábrica, ciudad de metal que ayer, unos años después, y en compañía del conselleiro de Medio Ambiente, Xosé Manuel Barreiro, el presidente del Grupo Alcoa España, Leandro Guillén, el director de la fábrica, José Manuel Alvarado y los alcaldes de Xove, Jesús López, y Cervo, José Insua, pudimos comprobar que sigue siendo un gigante, la principal industria asentada en la provincia de Lugo 25 años después de su puesta en marcha. Ayer fui una mañana de paisaje industrial y de cifras. Posiblemente pocos saben que para fabricar una tonelada de aluminio se necesitan dos toneladas de alúmina y cuatro de bauxita. Que unas 40.000 toneladas de chatarra de aluminio, procedentes de ventanas, botes de refresco o aerosoles son recicladas en el departamento de fundición de la fábrica. O que las 50.000 toneladas de bauxita, el mineral que importa de Guinea Conacry y principal elemento para tener aluminio, que pueden venir en barco, «se los ventila» la fábrica en cinco día y medio. La entrada al área de fundición actúa como control de calidad de la producción y la productividad, con paneles que reflejan lo acontecido en cada turno, en rojo las anomalías; se hacen dos controles de seguridad y medioambiente, nos explicaron. En ocho hornos , que no funcionan siempre a la vez para ajustar la productividad a las demandas del mercado, se realiza la colada de la que saldrá el producto final. Pudimos ver bloques de cinco metros de largo y diez toneladas de peso destinado a realizar perfiles para ventanas; otros para las llantas de los coches; otros de los que salen miles de tapas para los yogures que nos comemos en casa, o incluso las barras de labios. En el paseo en autobús también se dieron otras cifras, como por ejemplo, que la factoría consume 330.000 toneladas de fueloil al año, o que el complejo de San Cibrao tiene un consumo energético del 4% de la media nacional. O que su puerto moverá este año casi cinco millones de toneladas de mercancía. Y las cifras globales: Alcoa San Cibrao produce 1,4 millones de toneladas de alúmina y 220.000 de aluminio, y el objetivo es llegar a las 250.000. Otro cambio con respecto a la última visita: la seguridad. Un vídeo explicativo sobre cómo moverse en la fábrica, casco, gafas, tapones, botas y chaqueta. Y muchos paneles de advertencia. Lo dijo Alvarado: «La seguridad comienza por uno mismo».