La otra inmigración de A Mariña

LUGO

PEPA LOSADA

Reportaje | Catorce monjas americanas tomarán sus votos mañana en Mondoñedo La congregación guatemalteca de Marta y María, que atiende ya tres asilos mariñanos, también recibirá a veinticinco jóvenes novicias sudamericanas

11 feb 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

Hay una emigración que en A Mariña, por lo que se ve, afecta a los jóvenes: personas que sin haber llegado a la treintena cambian de residencia, generalmente con destino a Canarias, en busca de sueldos más elevados. Hay también una inmigración que se relaciona con la comarca, aunque no se haya convertido todavía en un fenómeno masivo: ha ido cambiando, sucesivamente, el lugar de origen _Cabo Verde, Portugal, Perú, Marruecos_, aunque no las actividades económicas, sobre todo la pesca y el sector forestal, en las que se emplean los trabajadores foráneos. Hay además otro fenómeno que quizá no responda con exactitud al modelo de inmigración, pero que ofrece en la comarca una incuestionable presencia de personas extranjeras, aunque adaptadas a la vida de A Mariña: se trata de las religiosas de la congregación de Marta y María, creada en Guatemala pero presente en la comarca desde hace diez años. Llegaron a Mondoñedo, en la primavera de 1994, para ocuparse del asilo de ancianos que reabría tras más de un año de cierre: la marcha de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, con un siglo de presencia en la ciudad episcopal, fue la casual razón de la que se deriva la situación actual, en la que también rigen las respectivas residencias de Foz y de Ribadeo. En una sociedad marcada por la escasez de vocaciones religiosas masculinas y femeninas (el año pasado no se ordenó ningún sacedote en la diócesis de Mondoñedo-Ferrol, cuyo número de parroquias triplica prácticamente al de curas en activo), las jóvenes centroamericanas marcan un contrapunto notable. Así, mañana, a las 18,30 horas, tiene lugar en la catedral de Mondoñedo una ceremonia cargada de simbolismo: 14 jóvenes profesan como monjas y 25 ingresan en el noviciado. Ocho de las que recibirán órdenes mayores mayores han estado en el asilo de Mondoñedo y en otros, mientras que las futuras novicias han pasado una etapa de preparación en diversos puntos de España en los que la orden ya está presente. Varios son los destinos que les esperan tras el acto de mañana, pero es probable que el de algunas quede relacionado con los asilos de la comarca de los que se encarga esta orden. Trabajo interesante Las monjas realizan un trabajo que no pasa inadvertido a religiosos y a seglares. La gratitud de los responsables diocesanos resulta patente: «Hacen un trabajo muy interesante. Que dejen su país para venir aquí, a atender ancianos en un país que no es el suyo, es muy importante», manifestó ayer el vicario general de la diócesis, Félix Villares. La gratitud, no obstante, parece mutua. La superiora general, sor Ángela Silva, explicó ayer a esta Redacción que la acogida fue «muy favorable». Silva suele venir a España todos los años, y estos días supervisa los preparativos de la ceremonia de mañana, que presidirá el obispo de la diócesis mindoniense, José Gea Escolano. Diez años depués de la llegada de las primeras monjas, la integración parece un hecho: «Cuando llegamos, la gente estaba a la expectativa. Hoy ha aprendido a querer a las religiosas», subraya. Curiosamente, al trabajo que se realiza en los asilos, aunque imaginable desde fuera, le introduce un matiz cuando se le pregunta por la valoración que percibe en la sociedad: «No es igual ver los toros desde fuera que en el ruedo; pero yo creo que sí se valora nuestro trabajo, que la gente nos comprende y nos estimula», declara. Sor Ángela Silva, por otra parte, no olvida nunca la dimensión religiosa de su vida y la de las integrantes de la orden: «Vinimos aquí por vocación», afirma. Pero además esa vocación que las anima a venir aquí y que permite el crecimiento constante de la orden en España coincide con los 25 años de la congregación, fundada por su máxima responsable actual. Sor Ángela Silva admite que hace cinco lustros no imaginó la situación actual, que llevó a la orden a cruzar el Atlántico en sentido inverso al de los misioneros de hace siglos y a suplir con su presencia el vacío que en décadas pasadas llenaban otras religiosas. «Uno siembra una mata y no sable cómo va a florecer», explicó ayer. En vísperas de una ceremonia que presidirá el obispo mindoniense, Silva recalca su agradecimiento a la actitud de Gea Escolano, del que alaba la «actitud favorable» en la llegada y en la instalación de la congregación. Esa colaboración entre el Obispado de Mondoñedo-Ferrol y la orden se ha plasmado en el inicio de la construcción de una residencia para niños de la calle en Jalapa, lugar de origen de la congregación. Mientras tanto, la mata sembrada en Guatemala florece poco a poco a muchos kilómetros de distancia.