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Una madre introdujo en la cárcel de Bonxe un huevo de plástico lleno de pastillas tranquilizantes

29 oct 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

Dicen que los padres hacen cualquier cosa por el bien de sus hijos. Éste es el caso de Francisco Paz Fernández y Carmen García Bruzos, una pareja de Celeiro ya entrada en años, que no dudó en presentarse en la prisión con un carga de cincuenta pastillas de Trankimazín destinadas a facilitar el sueño de su hijo que mantenía una dura batalla contra la droga. El matrimonio mariñán quizás desconocía que estaba cometiendo un delito contra la salud pública que podía llevar a ambos a la cárcel; menos pensaron aún que la Guardia Civil, por un chivatazo de los funcionarios de la prisión, los descubriría. Pero lo peor sucedió el 3 de julio del año pasado cuando, instantes antes de un bis a bis con su hijo en el penal de Bonxe, los agentes de la Benemérita los llamaron a capítulo. Carmen reconoció en el mismo instante que llevaba algo oculto. Sacó de debajo del sujetador un huevo de plástico que, en vez de llevar chocolate, estaba repleto de pastillas de Trankimazín. Cincuenta en total. Eran para su hijo que, en aquellos tiempos, estaba bajando la dosis de metadona y precisaba tranquilizantes por las noches para dormir, según la versión de los acusados. El matrimonio se sentó ayer en el banquillo. El fiscal considera que ambos incurrieron en un delito contra la salud pública y les pide un total de dos años y medio de cárcel y 400 euros de multa. «Sabía que no podía hacerlo y desconocía que las pastillas le perjudicasen tanto», explicó la madre. Carmen y Francisco recordaron a la jueza que anteriormente, cuando tenían al muchacho en casa y éste se estaba rehabilitando, el médico de cabecera le recetaba los tranquilizantes para poder conciliar el sueño «y le iban muy bien». «En la prisión -dijo la madre- no le daban ni esas pastillas ni otras. Los dejan allí como caballos. Yo le suministraba algo que le iba bien». El fiscal dijo que en modo alguno sería necesario el suministro externo de los tranquilizantes porque se los facilitaban en la prisión y recordó que era un volumen excesivo de pastillas el que introdujeron. La defensa recordó que los padres pretendían mejorar la situación de su hijo. «No trataban ni de traficar ni de usar sustancias a las que se refiere el artículo 368 del Código Penal. Aún hoy lo volverían a hacer porque sabían que no cometían ningún delito. Situaciones como ésta se tienen que resolver con una sanción», dijo.