Doscientas personas se manifestaron en Monforte contra el parón forzoso de la hostelería
07 nov 2020 . Actualizado a las 18:48 h.«Veño de pasar a ITV». Al volante de un viejísimo Seat 600, el conductor salía del casco urbano de Monforte por la calle Ourense pasadas las once y media de la mañana, el primer día de cierre perimetral del municipio. Se acababa de topar con un control policial montado para hacer cumplir la decisión de las autoridades sanitarias de que nadie salga o entre de Monforte durante un mes, para así tratar de reducir el número de contagios de coronavirus. Apenas media hora antes, más de doscientas personas protestaban junto al Ayuntamiento por el obligado cierre de todos los bares y restaurantes, otra de las medidas que mete a Monforte en su segundo confinamiento del año, aunque en una versión más suave que el parón total de esta primavera.
Porque este sábado en Monforte parón no ha habido. Las calles del centro de la ciudad estuvieron por la mañana tan animadas como cabría esperar de un sábado de noviembre. Quizás incluso un poco más. Y eso que los vecinos de los municipios de la comarca tenían, en principio, vetada la entrada. Y eso también que las terrazas de los bares estaban recogidas y la mayoría de los locales cerrados. No todos, porque algunos abrieron a medio gas, con una o dos personas atendiendo únicamente pedidos para llevar. Se avecinan colas en los bancos de la calle Cardenal, no en los del dinero, que en esos las hay desde marzo, sino en los de sentarse. Muchos clientes optaron este sábado por pedir un café en los locales que abrieron y consumirlo con calma sentados en el banco más cercano.
En todo caso, incluso con algunos locales a medio abrir, muy pocos hosteleros faltaron a la protesta que el sector había organizado para este primer día de cierre forzoso. Vestidos de negro, son silbatos, cacerolas y sogas al cuello, unas doscientas personas acudieron a las once de la mañana al Campo de San Antonio para escenificar el hartazgo de este colectivo. Propietarios de bares y restaurantes, camareros y también unos cuantos clientes participaron en una movilización que se celebró de forma simultánea a la que convocada en Lugo por la Asociación Provincial de Empresarios de Hostelería (APEHL). En vista de que no se puede salir de Monforte, los hosteleros locales decidieron protestar aquí.
A las once y cuarto, el hostelero Roberto Quiroga leyó desde las escaleras del Ayuntamiento un comunicado de la delegación monfortina de la asociación provincial de hosteleros que advierte que el sector está agonizando. «Esta é a voz dun sector que agoniza e que se as autoridades non o remedia, morre», afirmó. El comunicado explica que el color negro que llevaban ayer la mayoría de ellos simboliza «o loito polos compañeiros que xa quedaron polo camiño e polos que están abocados ao peche». Los profesionales del sector admiten que la crisis sanitaria actual no tiene precedentes, pero se declaran cansados de que se les «demonice» e insisten en que la culpa de lo que está sucediendo no es suya.
Una vez terminada la concentración, algunos de los participantes caminaron hacia el centro por las aceras haciendo ruido con cacerolas y silbatos. A esas horas, el tráfico en el centro era tan intenso como cualquier día laborable. La Policía Nacional y la Policía Local hicieron controles conjuntos durante toda la mañana en diferentes puntos de la periferia del casco urbano. Los repetirán este domingo y probablemente también durante el tiempo que dure el cierre.
Sin multas el primer día
Igual que el conductor del 600 que enseñó la documentación de su ITV recién pasada, todos los demás que pasaron por estos puntos de control siguieron su camino sin problemas. Los agentes que los llevan a cabo constataron ayer que hay un amplio abanico de razones legalmente justificadas para entrar en Monforte. «Hay mucha gente que viene con cita para hacerse pruebas PCR en el hospital», explicaba sorprendido en pleno control uno de los policías. Los controles son de corta duración y móviles. Se trata de cambiar de sitio con frecuencia para evitar que se difunda su ubicación y eso facilite la labor a quien quiera esquivarlos.