El virus las confinó en el paraíso

Dos amigas con raíces en Pantón presenciaron la llegada del covid-19 en Bali

Laura Cañal y Maria Rodríguez junto a su furgoneta por Indonesia
Laura Cañal y Maria Rodríguez junto a su furgoneta por Indonesia
c.c.
monforte / la voz

María Rodríguez y Laura Cañal comparten una misma pasión: viajar. Ambas son amigas desde la infancia, cuando se conocieron en Vilamelle, en Pantón, y el año pasado decidieron trazar un itinerario desde esa parroquia hasta Japón ?ida y vuelta? seguido por las ruedas de su furgoneta Volkswagen Caddy. Comenzaron la aventura en julio del 2019 y 37.000 kilómetros, una pandemia y una concepción de «normalidad» totalmente distinta después, tienen claro que para viajar «hay que ser flexible y adaptarse al cambio», como cuenta María. Como ejemplo, señala su propio caso con respecto al coronavirus: «No teníamos en mente que fuese a ocurrir esto viajando y ha pasado».

Su elección de Japón como punto final del trayecto se debe a su «atracción por la cultura y la facilidad de acceso al país para la furgoneta mediante ferri». Pese a esto, el punto más lejano al que llegaron las dos viajeras ?ya en el viaje de regreso? fue la Isla de Flores, en Indonesia. En enero, una vez en Indonesia, María y Laura fueron testigos de «cómo se fue complicando todo». «Empezamos a ver que no había gente de China en Indonesia, donde uno de los mayores turismos es el chino. Habían cortado la entrada y nos dimos cuenta de que la cosa era seria», relata María. 

Laura Cañal y Maria Rodríguez en la isla de las Flores, Indonesia
Laura Cañal y Maria Rodríguez en la isla de las Flores, Indonesia

Cierre de fronteras

A principios de marzo, las dos amigas estaban en la isla de Lombok y, después de que les llegase información por grupos de Facebook sobre numerosos cierres de fronteras en los países asiáticos, decidieron trasladarse a Bali. «Sacamos el visado para Indonesia en Bali y ahí está el Consulado, por lo que ir allí era lo mejor. En caso de tener que arreglar el pasaporte iba a ser lo más cómodo», justifica María. En un primer momento, su intención era «ir a Malasia para mandar desde allí la furgoneta a España» pero los cierres de fronteras lo impidieron.

María narra que la gestión de la situación de emergencia en Bali fue totalmente distinta a la de España, debido al menor impacto y extensión de la pandemia: «No somos conscientes de lo que se ha vivido aquí, nosotras no pasamos por un confinamiento. En Bali, durante varios meses, solo hubo ocho muertos y 24 contagiados». Incide en que, en comparación, lo que vivieron fue un «paraíso»: «Cerraron las playas turísticas pero no los alojamientos que daban al mar, donde estábamos nosotras. Además, al lado había una zona de montaña para pasear. Era un paraíso, nada que ver con lo que nos contaban nuestros familiares y amigos por teléfono y videollamadas». 

Laura Cañal y Maria Rodríguez en un templo de Bali
Laura Cañal y Maria Rodríguez en un templo de Bali

Amabilidad y hostilidad

Las viajeras describen como «gente muy acogedora y agradable» a los habitantes de Indonesia, características que se mantuvieron durante el primer impacto del coronavirus. María relata que «al cerrar fronteras en Indonesia, desalojaron los hoteles y obligaron a las personas a irse, a no ser que llevasen allí bastante tiempo o tuviesen la intención de quedarse una larga temporada». Así, cuando ellas se empezaron a mover por Bali, los ciudadanos sabían que no eran nuevas en la isla y «tenían claro que no había peligro».

Laura y María reconocen que no todos los trotamundos a los que les pilló la nueva situación fuera de casa tuvieron tan buena experiencia: «Conocimos a viajeros a través de Facebook que estaban en la India y, al quedarse en el país, notaron una actitud hostil con la gente extranjera, a la que le echaban la culpa de la pandemia».

A la hora de planear su vuelta, las viajeras tenían claro que sus expectativas de regresar por tierra habían quedado descartadas. Laura y María llegaron a España en avión el 24 de julio, una vez tuvieron la seguridad de que su tercera compañera de viaje, la furgoneta, había desembarcado sana y salva el 18 de julio. «La furgoneta salió un mes antes del puerto pero no queríamos volver hasta que nos confirmasen que había llegado. Una vez salías de Bali ?cuenta María? no podías volver a entrar y la isla no va a admitir turistas hasta mediados de septiembre».

El viaje, como comenta María, «está en pausa» y ellas tienen claro que lo retomarán en cuanto puedan. No consiguen precisar cuándo ni cómo, debido a la incertidumbre del contexto actual, pero subrayan las ganas que tienen de finalizar su curioso itinerario.

De Pantón a Japón en furgoneta para bañarse junto a volcanes

carlos cortés
Laura Cañal y María Rodríguez, en un alto de su recorrido por Japón
Laura Cañal y María Rodríguez, en un alto de su recorrido por Japón

Dos amigas llegan al lejano Oriente tras un viaje de 25.000 kilómetros que empezó en la parroquia de Vilamelle

Laura Cañal y María Rodríguez se subieron a su furgoneta el pasado mes de junio en Pantón. Seis meses después han recorrido con ella 24.000 kilómetros y han atravesado diez países y el estrecho de Corea, esto último con la ayuda de un ferri. Ahora están en Japón y se han dado un año para volver. Ya se verá por dónde. En su viaje de ida y vuelta al lejano Oriente están grabando un documental y se financian dando clases de español vía Internet.

«Nuestro punto de partida fue Vilamelle, porque esa parroquia es nuestro punto de unión», cuenta María Rodríguez. Ella es de Alicante y Laura Cañal de Oviedo, pero las dos tienen raíces familiares en esta parroquia del municipio de Pantón. Allí se encontraban todos los veranos cuando eran pequeñas y sus familias las llevaban en vacaciones, allí vuelven siempre que pueden y allí decidieron empezar este larguísimo viaje. Desde Vilamelle emprendieron camino hacia Francia y atravesaron media Europa siempre hacia el este y sin detenerse más que lo imprescindible. Su primer gran objetivo era Rusia y no querían que el invierno las pillase atravesando Siberia.

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