«Lo mejor sería poder irnos juntos»

Este matrimonio ourensano, de 92 años, cumplió siete décadas casados


ourense / la voz

Uno no sabe si sorprende más la edad que tienen y lo bien que están que el hecho de que este año hayan celebrado sus bodas de titanio. Setenta años casados, más cuatro de noviazgo, como ellos dicen. Celsa Fernández Suárez y Artemio Yáñez Rodríguez tienen 92 años «y medio» y se conocieron en Carracedo, A Peroxa. Sus casas estaban una junto a la otra, aunque Artemio nació en Buenos Aires y llegó a España con cinco años. «Vivíamos enfrente y así me puse chalado», bromea.

Tras cuatro años de noviazgo llegó la boda. Era el 19 de septiembre 1948. «Mi madre compró un cabrito e hizo unos roscones. En el horno de una vecina cocinamos todo. Mi madre llamó a un chico para que le llevara un garrafón de vino», explica Celsa. Y el marido enseguida añade: «Coincidía que era el tiempo de la vendimia y al día siguiente me llevaron a acarrear. Luna de miel no hubo».

Nacieron con pocos días de diferencia y a sus 92 años el matrimonio tiene achaques, pero nada que les impida hacer una vida normal. Sus seis hijos, trece nietos y ocho bisnietos son ahora su prioridad. Aseguran que la vida les trató bien, aunque cuidar y trabajar para ellos fue prioritario. Socarrón, Artemio resumen así 70 años de casado: «Dirás cuánto sufrí». Pero enseguida se pone serio: «Teníamos que trabajar los dos. Ella en el campo, en la huerta, muchas veces con un crío en el vientre sachando. Y yo trabajando en Saltos del Sil, 44 años». Los nacimientos de sus hijos fueron los momentos más felices, dicen.

Con los vástagos ya mayores, ambos se desplazaron a la capital ourensana, aunque conservan la casan en la que vivieron cuando Artemio trabajaba en Saltos del Sil. Un lugar al que hasta hace poco tiempo volvían para pasar unos días y cuidar la huerta.

«El secreto para estar durante tanto tiempo al lado de una persona es el respeto y el cariño. Él dice que me aguantó y yo contesto ‘Las faltas de mi marido nadie las sabe si yo no las digo’. Tengo que dar gracias a Dios porque mis nietos y bisnietos están bien», señala Celsa. Artemio, a la contra, responde: «No puedo contestar a eso. Es la vida, no es otra cosa... Nos llevamos muy bien, sino ya puedes comprender que no llevaríamos juntos todo este tiempo». Y casi le saltan las lágrimas al hablar de sus hijos: «Tengo mucho que agradecerles porque son nuestro amparo. Estamos unidos en todos los sentidos». Y sobre los matrimonios actuales y el alto porcentaje de divorcios al poco tiempo de casados, Celsa afirma: «Entre tanto y eso...».

Cuando sus hijos volaron del nido, el matrimonio siguió y sigue pendiente de ellos. Y viceversa.

Les sigue gustando trabajar en la huerta y hasta hace poco todavía realizaban alguna que otra tarea. «Yo sembraba, pero ahora no puedo, con esta pierna..», afirma Celsa. Nunca se imaginaron la vida uno sin el otro. Y ahora, menos. La conversación se pone algo más seria: «Siempre estamos juntos. Lo único que espero de la vida es que tenga una buena hora para morir y no dar trabajo. Ni que lo lleve yo ni los que vayan detrás. La carretera ya está hecha».

Y, con la voz entrecortada, y ante la mirada de uno de sus hijos, José Antonio, Celsa afirma: «Lo mejor sería poder irnos juntos. Lo pienso algunas veces, de una manera o de otra, era mejor que muriésemos los dos juntos. El que quede... No sé como será». Y su hijo añade muy emocionado: «Aunque discuten, como todos, y la que manda es la señora, siguen juntos porque creo que si falta alguno de ellos faltaría todo. Esto es así. Durmieron juntos hasta que mi madre se puso mala de una pierna. Siempre juntos».

«El secreto para estar tanto tiempo al lado de una persona es el respeto y el cariño»

«Nos llevamos muy bien, sino comprenderías que no estaríamos juntos»

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