El milagro chantadino de Fátima

La historia del templo rivaliza con la de su fundador, cercano a Franco, monárquico y ligado a la CIA


MONFORTE / LA VOZ

 El santuario chantadino de Fátima vuelve a figurar en el mapa. Nunca dejó de estarlo desde su construcción, que se dio por concluida en el año 1957. Pero de su existencia apenas sabían últimamente los vecinos de ese municipio. No siempre fue así. El traslado de la imagen de la virgen, tallada en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, fue en su día portada en la prensa madrileña. Los pasquines que aparecieron este verano, reivindicando que cobije la tumba de Franco, rescataron del olvido la curiosa historia de este templo. Tan peculiar como la de su artífice, el sacerdote chantadino Emilio Eyré (1904-2002), personaje poliédrico apreciado por la familia Franco, amigo de Juan de Borbón y, según desvela ahora una historiadora ferrolana, colaborador de la CIA.

Sobre las ruinas de un castro situado en el lugar de Centulle, a menos de dos kilómetros de Chantada, se levanta el sueño inacabado del padre Eyré. El santuario de Fátima, cuya apariencia externa recuerda a una fortaleza medieval, comenzó a construirse en 1944. Las obras se detuvieron trece años después, al parecer por falta de recursos. Simultáneamente, se levantó en sus inmediaciones un edificio llamado a ser centro nacional de inválidos civiles. Solo esta última construcción y su posterior equipamiento costaron casi cien millones de pesetas de la época.

Pero no correría mejor suerte que el templo colindante. Finalizado el proceso de transferencias a las autonomías, el gobierno gallego no quiso saber nada del edificio, con capacidad para cuatrocientos internos. Hubo alguna gestión posterior para que acogiese el asilo de Chantada, pero en ese momento la obra nueva primaba en las decisiones de los políticos. Radiadores, calderas, baños, puertas y demás mobiliario fueron saqueados antes de que el padre Eyré decidiese cederlo a la Ciudad de los Muchachos ourensana. El centro de minusválidos, en estado de ruina, es hoy una escombrera.

Plató de rodaje

El santuario chantadino de Fátima, único autorizado en España para ese culto en la dictadura, acogió en vida de Emilio Eyré misas anuales con motivo de esa festividad y algunos oficios esporádicos. En septiembre de 1950, la prensa madrileña se hizo eco de la celebración en Centulle de una misa de funeral por el conde de Romanones, presidente del consejo de ministros con Afonso XIII y benefactor del templo como director de la Academia de Bellas Artes de San Fernando. Más recientemente, sirvió de plató de rodaje para la serie histórica de Voz Audiovisual El final del Camino.

La estética del templo de Centulle es en parte de inspiración irlandesa. «Dicía que collera ideas do prerrománico asturiano, do románico e tamén dos templos-fortaleza de Irlanda, que puido coñecer persoalmente cando estivera de viaxe nese país», relata el exconcejal de Chantada Luis Eyré, sobrino nieto de Emilio Eyré. El sacerdote chantadino fue atraído por el culto de Fátima durante su estancia en Lisboa, como profesor del Instituto Español. Antes de ser destinado a Portugal había viajado en 1931 a Argentina. Al frente de la parroquia bonaerense de San José de Villa Dominico, captó donativos para la España de posguerra que según sus biógrafos fueron canalizados a través de propia Carmen Polo de Franco.

Mucho después, en julio de 1951, sería recibido en audiencia por el dictador en el Palacio de El Pardo, según la prensa de la época como miembro del Patronato de la Casa de Salud Valdecilla. La proximidad de Emilio Eyré a la familia Franco le abriría muchas puertas para el faraónico proyecto de Centulle. Aun así, el sacerdote se definía como monárquico y visitaba con frecuenta a Juan de Borbón en su residencia de Estoril. «Para nada foi franquista. Incluso tivo problemas co Bispado na ditadura», apunta otro sobrino nieto del sacerdote chantadino, el periodista y escritor Afonso Eyré.

Apostolado radiofónico

La historiadora ferrolana Rosa Cal cita a Afonso Eyré en el libro Radio Liberty: La CIA en la playa de Pals, una investigación sobre la emisora de propaganda anticomunista que emitió desde Gerona para el bloque soviético durante la guerra fría. Autorizada por Franco en 1957, la radio estadounidense tuvo como capellán al chantadino Emilio Eyré, que entonces compaginaba en Barcelona el sacerdocio y la captación de fondos para rematar el santuario de Centulle. Su biografía dice que ejerció el apostolado a través de la radio en Argentina y Barcelona. Para Rosa Cal, este personaje novelesco trabajó sin duda para la CIA.

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