Hosteleros y alumnos de la escuela de Rosende asisten a un taller sobre conservación y servicio del vino
26 mar 2018 . Actualizado a las 22:28 h.El camarero echa el vino en la copa. Al momento, el cliente lo acerca a la nariz y percibe un olor poco agradable. No sabe exactamente a qué huele aquello, pero bien desde luego que no. «No está bueno», le dice a su interlocutor al otro lado de la barra. Pero el empleado del bar, igual de incómodo, se encoge de hombros: «Tiene muchos premios, no puede estar mal». En realidad lo está, aunque él lo desconozca y pase de cambiar la consumición por la que alguien se dispone a pagar dos euros por ella.
Para evitar este tipo de situaciones, más habituales de lo que pueda pensarse, ayer se celebró en la Escola de Hostalería Belarmino Fernández un taller para profesionales sobre el servicio de los vinos. Forma parte del programa del Mes do Amandi y fue impartido por Humberto Loureiro y Bruno Lovelle, de la empresa Vinosacra.
«Nun obradoiro de hora e media tes tempo para facer unha pequena aproximación. Centrámonos no servizo e nalgúns aspectos da conservación dos viños. Penso que é unha base para poder interesarse logo polas nocións básicas da cata», explica Humberto Loureiro.
Garantía, hasta un punto
El precinto de garantía de un consejo regulador acredita el origen y la calidad del vino. Pero una botella, o un determinado lote, puede sufrir una evolución negativa por un problema achacable a la bodega o por una deficiente conservación en el restaurante o el establecimiento de hostelería. «Non podes ter as botellas pegadas á cafetera. Hai detalles que deben coidarse para cobrar dous euros por unha copa de viño. O cliente paga encantado se hai un bo servizo. Se pola contra é deficiente, bótase por terra todo o traballo que hai detrás dun viño», apunta Loureiro.
La charla incluida en la programación do Mes do Amandi fue seguida mayoritariamente por alumnos de la escuela de hostelería de Sober. También asistió algún que otro profesional, ya que la invitación a participar se hizo extensiva a la asociación del sector. Los representantes de Vinosacra insistieron en que, sin necesidad de ser un sumiller, hay cuestiones básicas que deben conocerse a la hora de servir un vino.
«Claro que falta formación. Só hai que ver como se lle quita a cápsula ou o tapón a moitas botellas. Hai que facer fincapé na limpeza, non poden ir restos de corcho a unha copa. Facer as cousas ben tampouco costa tanto», opina Bruno Lovelle.
Beatriz Vila: «Tendría que haber cola para estos talleres, pero la realidad es otra»
La Ribeira Sacra cuenta con algunos restaurantes y vinotecas con muy buenas cartas de vinos y un servicio acorde con esa oferta, desde el conocimiento de las marcas a la elección de las copas más adecuadas. Pero son la excepción entre una inmensa mayoría de locales donde el vino, más que servirse, se vende sin más contemplaciones.
«El horario de las actividades siempre es un problema para el hostelero, pero si se guía por eso no hace nada. En talleres como el de Rosende tendría que haber plazas de reserva, y no las hay», dice Beatriz Vila, delegada de la Asociación Provincial de Empresarios de Hostalería. «Hostelería -prosigue- es sinónimo de turismo y en tierra de vinos hay que cuidar los detalles. No hace falta ser un experto, pero los profesionales tienen que tener unas nociones mínimas para servirlo».
Tampoco se trata de tener necesariamente copas específicas para tintos y para blancos en todos los locales. «O problema é que na maioría dos casos sérvese en copas para a auga», dice Humberto Loureiro. «Ao final o profesional da hostalería é o que transmite o viño, e para iso fai falta un coñecemento, unha formación que moitas veces se bota de menos», destaca.