El deterioro de las viviendas es alarmante en pleno corazón del casco histórico
09 ago 2016 . Actualizado a las 05:00 h.El vuelo promocional de las rutas en globo aerostático por la Ribeira Sacra, organizado el pasado mes de mayo por el consorcio de turismo, brindó a los pasajeros una perspectiva poco usual de Monforte. Para las miradas más avezadas, no pasó desapercibida una realidad que esconden a duras penas las fachadas de muchos inmuebles del caso histórico. El deterioro del parque de viviendas de Monforte avanza a pasos agigantados. Y lo que es peor, ni la dinámica económica de los últimos años ni el actual contexto demográfico animan a ser optimistas en el futuro.
De las 16.590 edificaciones censadas por la Dirección General del Catastro, 3.256 fueron levantadas antes de 1950. Es decir, un 20% cuentan en el mejor de los casos con más de medio siglo de antigüedad. En los últimos años se realizaron algunas reconstrucciones, gracias al estímulo de las ayudas a la zona ARI. Pero esta actividad se centró básicamente en el entorno de la muralla. «Si das una vuelta por Doctor Casares, impresiona ver tantas casas vacías», dice el exconcejal socialista Jaime Vázquez, promotor de varias obras de rehabilitación San Vicente.
Fuera del conjunto monumental, pero sin salir de la delimitación del casco antiguo de Monforte, rehabilitación y deterioro constructivo avanzan a ritmos contrapuestos. Hay algunas fotografías especialmente elocuentes del vuelo inaugural de la campaña Pasaporte a las nubes. Corresponden a la manzana que configuran las calles Cardenal, Hermida Balado, Comercio, Armando Cotarelo y Huertas, en lo que podría ser la milla de oro de la ciudad. Las traseras de varias edificaciones dan la sensación de estar a punto de desplomarse. En Armando Cotarelo, acaban de llevarse a cabo obras de consolidación en la fachada de una vivienda colindante con la construcción que fue catalogada en su día por el libro Guinness como la casa más estrecha de España. De ambas se desprendieron elementos constructivos a la vía pública en los últimos meses.
Impulso en los noventa
La construcción registra en Monforte un especial impulso en la década de los noventa. Entre 1990 y 1999 se levantaron, según datos de la Dirección General del Catastro, un total de 4.080 viviendas. En Lalín, habitual ejemplo de desarrollo, fueron 2.652 las licencias de obra en ese período. El auge de la promoción inmobiliaria se tradujo en la ciudad del Cabe en un crecimiento en la periferia que ignoró deliberadamente la consolidación de barrios de toda la vida.
La proliferación de viviendas deshabitadas en calles como Doctor Casares, Calvo Sotelo, Abeledos o Coruña pone de relieve las secuelas de ese modelo de crecimiento. ¿Serán reversibles? «Nalgunhas zonas pode que si, pero vai ser un proceso moi lento. Hai poucas axudas e moitas trabas. De sitios como o barrio da Estación, mellor esquecerse», opina el constructor Julio Vázquez Berao.
El ritmo de la construcción está ahora a niveles de la década de los cincuenta
Los datos de la Dirección General del Catastro ponen de relieve que la actividad de la contrucción se mantuvo en Monforte entre 2000 y 2009 a niveles muy similares a los de la década de los ochenta. En ambos períodos se contabilizaron en torno a 2.500 nuevas viviendas. Desde el 2009, se han levantado menos de seiscientas. Julio Berao, presidente la asociación comarcal de constructores, trasladó su actividad al casco histórico a raíz de la desaceleración motivada por la crisis. Pero no observa un dinamismo capaz de frenar la hemorragia del deterioro que sufre el parque inmobiliario. «Sen plan especial é moi difícil, fai falta máis flexibilidade», apunta.
La redacción del plan especial de protección por fin se ha retomado y posiblemente contribuya a dinamizar las obras en el casco viejo con la desaparición de muchas de las exigencias que ahora impone Patrimonio. Arquitectos como Antonio Rodríguez consideran, sin embargo, que el problema de fondo en Monforte tiene más que ver con la economía que con el planteamiento. El presidente de los constructores coincide en parte con ese diagnóstico. «Se non hai industria, non hai plan que valga», sostiene Vázquez Berao.
Desde el año 2000, la construcción local se mueve a un ritmo similar al de la década de los cincuenta, en la que se levantaron 587 viviendas. La población se mantiene a duras penas cerca del listón de los 20.000 habitantes y la demanda residencial generada por el retorno de los emigrantes cae desde finales de los noventa. El traje urbanístico comienza a quedarle grande a Monforte.