La Justicia, lejos del ciudadano

Antonio Cardelle ABOGADO

LEMOS

Desde mi impotencia, asisto a los constantes avisos del partido en el Gobierno sobre sucesivos recortes en prestaciones sociales, contra verdaderas obligaciones públicas como la sanidad y la educación. Por el contrario, los privilegios de la «casta» política no se ven reducidos, ni hacen éstos caso alguno al sentir ciudadano que pide su desaparición. Y la actuación continúa, a mayor gloria de «los mercados» y perjuicio de los ciudadanos. Ahora le toca a la Justicia. Después de muchos años oyendo que «es un deber acercar la Justicia al ciudadano», ahora el Consejo General del Poder Judicial, amparado por el ministro de Justicia, anuncia una «reestructuración territorial» de los órganos de Justicia.

Toca el recorte, pero mal entendido: mediante tasas, obstáculos, distancia y estratagemas para conseguir el desánimo en la defensa del propio derecho. Así, habrá menos pleitos y «puede que se agilice la Justicia». No pretendo efectuar un listado de despropósitos, largo sin duda, con referencia incluso a condenas reiteradas del Tribunal Europeo. Pero sepan que existen, por si hay que traerlos a colación.

El nuevo anuncio de aquéllos a los que antes me referí -con enjundia, incoherencia y desconocimiento de la realidad de la periferia española, y en concreto de la peculiaridad de la dispersión de la población gallega- es que «no podemos tener un juzgado en la puerta de casa», y que por ello se van a agrupar en determinadas ciudades, dejando huérfano gran parte del territorio. Como si las capitales, pese a la acumulación de juzgados, tuviesen sus asuntos al día.

A Lugo, según este plan, le corresponderían dos ciudades en las que se agruparían los tribunales de toda la provincia.

¿Cuáles creen los monfortinos que van a ser? Lugo capital, además de la Audiencia, cuenta con los dos Juzgados de lo Penal (uno de los cuales, que celebraba juicios en Monforte, nos fue arrebatado y esquilmado políticamente) y multitud de Juzgados de Primera Instancia y de Instrucción. Es el candidato seguro a una de esas sedes. Es de pensar racionalmente que incluso Sarria pudiera depender de esa capital, por la pequeña carga que supone menos de media hora de desplazamiento.

¿Y a quién corresponderá la otra? ¿Al Norte, que agrupa los Juzgados de Viveiro, A Fonsagrada, Becerreá, Mondoñedo y Vilalba? ¿O al Sur, que serían en el mejor de los casos Monforte y Chantada, con la duda de Sarria? La respuesta parece evidente. Es de pensar que a Monforte no le va a tocar la mejor parte. ¡Ya está bien! Y de ahí este aviso a navegantes:

Señores políticos: defiendan a su ciudad y no la dejen morir poco a poco, suspiro a suspiro; no den nuevamente el patético ejemplo de algunos que antepusieron sus intereses partidistas al de quienes los eligieron; ya desde ahora opónganse manifiestamente a tan descabellados propósitos de quien nunca vivió en el ámbito rural gallego; desplieguen sus artes para impedirlo; que sus electores no tengan que desplazarse para recibir los servicios que se les deben prestar y que nunca tuvieron «a la puerta de casa», a no ser la urna de la votación. Que no tengan que ser otra vez los habitantes de las comarcas de Lemos, Quiroga y Chantada, para vergüenza de quienes debieran defender sus intereses, los que se vean obligados a salir a la calle en defensa de los servicios que les son debidos.

Lo dicho. Senadores, diversos y variopintos diputados, alcalde, concejales y políticos en general: como decía García Morato, «suerte, vista? y al toro».