Románticos vitivinicultores continúan elaborando un vino de muy larga tradición, aunque sus caldos no figuran entre los reconocidos del mapa vinatero gallego
25 oct 2009 . Actualizado a las 02:00 h.La temporada de vendimia en la provincia se cierra en la ribera del Navia de Suarna, donde el otoño madura las uvas con cierto retraso. Sin embargo, la comarca ancaresa no figura en el mapa vinatero gallego, después de que el abandono del rural enterrase las viñas en la maleza y con ellas una tradición que vivió hasta hace dos décadas tiempos de gran esplendor.
En la aldea de Coea, uno de los últimos núcleos lucenses del Navia poco antes de que el río entre definitivamente en tierras asturianas, los vecinos se refieren a las fotos que el etnógrafo alemán Ebelyn tomó alrededor del año treinta del pasado siglo; estampas de laderas atestadas de cepas hasta el río y mujeres con peselos rebosando las uvas en las jornadas de vendimia atestiguan que efectivamente existía un paraíso del vino en la ribera ancaresa.
De aquellos tiempos dorados en la ribera del Navia hoy queda solo el afán de unos cuantos vitivinicultores que producen un vino de autor; genuino simplemente porque se elabora por amor a lo propio.
Ribereños gallegos y asturianos de esa zona donde las dos autonomías se confunden en torno al río comparten, además del idioma y un patrimonio cultural que incluye la tradición vinatera, una situación demográfica similar: haber tenido que emigrar por falta de posibilidades en el rural y el arraigo hacia una tierra que adoran.
Por eso vuelven cuando pueden a la aldea para cuidar sus cepas, para vendimiar y fermentar el vino en las cubas, y para disfrutarlo. «Pola satisfacción de que é ter o teu viño, porque por outra cousa,,,»; comenta Jose, de la casa de Diego, que con su padre hospitalizado hace este año malabares para organizar la vendimia en Coea.
En esta aldea naviega oólo viven jubilados, pero el fin de semana se llena de jóvenes. Las quince casas tienen bodega y en muchas de ellas continúa elaborándose el vino. La mayoría vendimian unos 600 kilos de uva para autoconsumo.
José María Álvarez es una excepción. También en Coea vendimia unos seis mil kilos de uva, ayudado por sus cuatro hijos varones. Su señora comercializa su producto en el restaurante que regenta en O Cereixal.
A menos de tres kilómetros, A Gabianceira es una aldea asturiana que no tiene acceso asfaltado por discrepancias entre administraciones autonómicas. Las cuatro casas, que pertenecían a una misma familia, están construidas sobre terrazas artificiales sustentadas por muros de piedra que salvan el imponente desnivel del terreno, muestra de que vivir en el pueblo antes era rentable.
Un asturiano viene con su hijo desde Gijón para ayudar a su cuñado Dionisio en la vendimia. Cruzan a la capital cantábrica por la montaña. A San Antolín, Cangas de Narcea, Grado y Oviedo; son cuatro horas de coche porque prácticamente no hay autovía. Económicamente no renta, pero el esfuerzo merece la pena.