Cortes, donde el tiempo se detuvo

C. Rueda / F. Albo

LEMOS

Una localidad casi deshabitada de O Courel, rehabilitada en tiempos recientes, conserva uno de los mejores conjuntos de arquitectura tradicional de la sierra

08 feb 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

La aldea de Cortes es uno de los ejemplos más claros de la recesión demográfica que azota desde hace décadas la sierra de O Courel y toda la montaña lucense. En 1945 contaba medio centenar de habitantes y alguna de sus familias tenía hasta dieciocho miembros. Actualmente solo un vecino reside en la localidad de forma permanente, aunque también la visitan con frecuencia otras personas que conservan propiedades en ella y que ahora residan en otras poblaciones de la zona. En los meses de verano, la población aumenta con la llegada de varias familias nativas de Cortes -procedentes sobre todo de Cataluña- que vienen a pasar una temporada en este singular rincón.

El lado positivo de este abandono es que el pueblo no sufrió en los últimos decenios las transformaciones que han desfigurado muchas localidades rurales. Cortes conserva prácticamente intacta la arquitectura tradicional de la sierra y en tiempos recientes fue sometida a un proceso de restauración integral financiado con fondos del plan Leader, lo que la convierte en un lugar de especial interés desde el punto de vista turístico.

Para llegar a Cortes desde Folgoso do Courel -el recorrido es de 24,5 kilómetros- hay que tomar primeramente la carretera LU-651 en dirección a Seoane y desviarse por la LU-1306 hacia Seceda, Lousadela y O Incio. Cortes está cinco kilómetros más allá de Seceda. También se puede acceder desde A???????Ferrería do Incio, pasando por A Casela y el valle del Lóuzara. En el kilómetro 16, tras pasar el río Lóuzara, aparece a la izquierda un desvío de unos quinientos metros que lleva a Cortes.

Fisonomía típica

Aunque de dimensiones modestas, la aldea llama poderosamente la atención por sus típicas casas de pizarra, apiñadas y separadas por estrechas callejuelas como otras poblaciones de la zona. En numerosos lugares aparecen los típicos balcones y corredores de madera y también pueden verse algunos pasadizos aéreos que unen viviendas próximas. Un amplio bosque de castaños rodea este bello conjunto arquitectónico.

La localidad posee fértiles terrenos de cultivo, pero su agricultura nunca sobrepasó el estadio del autoconsumo. Castañas, maíz, centeno, trigo del país, patatas, verduras y hortalizas eran los productos básicos que se cosechaban. La cría de vacas, cabras y ganado porcino era un importante complemento para su economía.

En la parte alta de la aldea está la capilla de San Francisco. Cuando el pueblo contaba con un vecindario numeroso, en este lugar se celebraba cada 4 de octubre una romería a la que acudían muchos vecinos de la sierra. En los últimos tiempos, la fiesta era amenizada por la orquesta de A Raxoá y por las dos bandas de Paderne, conocidas popularmente por banda vella y banda nova .

El pueblo no tenía herrero, pero sí una fragua. Cuando se necesitaba este tipo de servicio, se hacían venir herreros de lugares próximos como Meiraos, Vilar do Courel, Val do Mao y Hospital do Incio. Los herreros solían estar dos o tres días trabajando en la fragua, propiedad de un vecino llamado Agustín, fabricando o reparando los objetos que les encargaban,

Otro lugar importante en la vida local era una fuente situada en la parte baja de la aldea, a la que se accede por un antiguo camino que lleva a Seceda y Lousadela. Sus aguas eran especialmente apreciadas por los vecinos que volvían cansados de los trabajos agrícolas, que solían beberlas mezcladas con un poco de miel. El manantial fue rehabilitada hace varios años por un vecino de Ferreirós de Arriba.