Sebastián y José Iván, dos artesanos callejeros, hacen un alto en Monforte en una peregrinación que dura años
25 jun 2008 . Actualizado a las 02:00 h.Sebastián Agulleiro Fontán vive en la calle desde que murió su madre, hace ya siete años. Dice que no le faltan razones: «Desde que pasó eso no me llevo bien con mi familia de Valencia. Pero no quiero hablar de maltrato. Pasé hambre tres días pero al cuarto me dije: ¡se acabó! Al salir vi a un tipo en la calle que hacía cosas raras con los botes de cerveza y me puse a hacer lo mismo».
Desde entonces, Sebastián se dedica a recorrer España de pueblo en pueblo, recogiendo de las papeleras los botes de cervezas y refrescos que le niegan en los bares. «Los quiero para hacer portavelas. Dejé de hacer ceniceros porque están muy quemados y la gente pasa de comprarlos. Porque yo no tengo nada pero soy muy honrado y no quiero pedir sin dar algo a cambio», advierte.
Hace dos años conoció a José Iván en Alicante y desde entonces no se habían vuelto a encontrar hasta hace unos días, en Lugo.
«Le vi tan mal que decidí traérmelo conmigo», comenta Sebastián sobre su compañero de día y en las noches a la intemperie. Tras recalar en Sarria ahora consume su tiempo en Monforte de Lemos. No sabe hasta cuándo, porque eso, aclara, dependerá de cómo se comporte el pueblo. Aunque eso también es para él muy relativo, ya que por esa regla nunca se hubiera movido de la localidad pontevedresa de Cangas. «Allí el dueño de un bar me invitó a comer y después de hablar un rato conmigo, al marcharme me dio una bolsa con un bocadillo, advirtiéndome de que tuviera cuidado de no atragantarme. Me sorprendió bastante, y cuando fui a mirar tenía un billete de 50 euros», apostilla abriendo los ojos como platos.
En el momento de realizar esta entrevista apenas el reloj había superado las tres de la tarde... «Y todavía nos faltan 10 euros para poder pagar una pensión donde dormir. Si puede ser con televisión mejor que mejor», indican entre risas Sebastián y José Iván. Ambos comparten el mismo sueño: encontrar un trabajo digno con el que salir adelante.
El destino en contra
A sus 42 años, Sebastián Agulleiro dice haber sido el jefe de cocina del Centro de Suboficiales Doña Sofía de Godella, en Valencia. Por su parte, José Iván, que prefiere no dar los apellidos por «respeto» a su familia, cuenta con 904 horas realizadas en un curso de cocina. Ambos tenían muchas posibilidades de llevar una vida normal, pero en algún momento de su travesía el destino les jugó una mala pasada. Por eso afirman: «La vida sólo es muy bonita cuando respetas y te respetan».