Por expreso deseo de la familia todos los ribadenses pudieron despedir en la capilla ardiente al ex presidente del Gobierno, considerado un vecino más de la localidad en la que veraneaba y en la que compartía tertulias y cenas con amigos cada 14 de agosto. Fueron también sus familiares los que diseñaron el último recorrido de Leopoldo Calvo-Sotelo por los lugares de la localidad en la que eligió ser enterrado. A su llegada del aeropuerto, la comitiva fúnebre recorrió la calle San Roque para continuar por la rúa que lleva su nombre, pasar junto a la casa familiar y el puerto deportivo antes de llegar al consistorio, en cuyo salón de plenos luce una placa que recuerda su nombramiento como Marqués de la Ría.
Desde el consistorio a la iglesia parroquial el cuerpo de Calvo-Sotelo fue trasladado a hombros por agentes de las policías Local y Autonómica y de la Guardia Civil. A los reconocimientos de vecinos y políticos se sumó ayer el del obispo de Mondoñedo-Ferrol, Manuel Sánchez Monge, que inició su homilía haciendo mención a la película Vivir para recordar la importancia de descubrir el sentido de la vida y para elogiar el potencial humano de Calvo-Sotelo: «Él se ha fiado del Dios amigo de la vida y por eso ha estado siempre seguro de que su vida no estaba destinada a desaparecer».