Del tradicional plato de pulpo al ojo que todo lo ve

La Voz

LEMOS

07 sep 2007 . Actualizado a las 02:00 h.

Un sencillo paseo por el pabellón polideportivo de Xermade basta para comprobar que cantidad, variedad y calidad pueden ser valores compatibles entre sí cuando es la madera la materia prima con la que se elaboran. Del mismo modo, ese simple recorrido vale para apreciar el lado tradicional del oficio de torneiro al lado de sus posibilidades de diseño y de sus expectativas de futuro.

El pontés Manuel Castro ofrecía ayer a los asistentes una demostración de la vertiente más tradicional, consistente en la elaboración de un plato para el pulpo. Desde que empezó, hace unos 40 años, ha ido orientando su actividad a una vertiente más industrial. Explica que la madera -la de pino, dice, es la más económica- se compra ya secada, cortada o sin cortar.

A pocos metros, mientras unos ven, hay otros que pueden ser vistos sin advertirlo. La razón está en una bola del mundo insertada dentro de un objeto de madera: el conjunto, una vez colgado o simplemente observado de frente, quiere dar la sensación de un ojo que ve la tierra desde fuera.

La pieza -en la que la madera que rodea la esfera de cristal es de ciprés, almendro y cerezo- se llama Miradas, y su autor es Jesús Abad, riojano. La pieza fue elaborada para reflejar males que afectan a nuestro planeta, entre los que cita el deterioro de la capa de ozono.

Su oficio, dice, se ha ido orientando hacia una vertiente más cercana a la escultura, en la que emplea, dice, maderas como la encina o el roble: así, afirma, está en contacto con texturas y olores que resultan familiares al autor y a quien observe su trabajo y muestra su rechazo a la importación de maderas tropicales.

La actividad de estos días sirve también para analizar el futuro que puede tener la actividad, no solo, por sus expectativas de mercado sino por la aparición de relevo generacional en la gente del oficio.

Castro dice que entre la gente joven no observa mucho interés. Ledo, por su parte, afirma que aún quedan un buen número de torneiros en Galicia; agrega que tanto en Terra Chá como en el vecino municipio de As Pontes hay numerosos cultivadores de este oficio, e incluso advierte de que por ahora no es difícil encontrar madera de castaño, de abedul o de carballo, necesaria para la actividad.

También destaca que las exhibiciones practicadas ante jóvenes sirven para mostrar la parte más vistosa del oficio. Abad, por su parte, admite que la llegada del plástico hizo imposible que los objetos de madera compitiesen en el mercado. El valor decorativo, en cambio, no se puede comparar.