Lugo presumió de industria

Juan Cancela LUGO

LEMOS

ARCHIVO JUAN CANCELA

Reportaje | La historia del matadero El buque insignia del desarrollismo en la ciudad se inauguró hoy hace medio siglo. La decisión del lugar donde se ubicó fue tras una reñida votación con varios candidatos

14 sep 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

LAS INSTALACIONES. Imagen del complejo industrial de Frigsa, con la casa del director en primer plano, y en la que vivió durante una temporada, en su infancia, Paloma San Basilio FRANCO PASÓ REVISTA. Cuando llegó el jefe del Estado a Frigsa, procedente de Guitiriz, pasó revista a las tropas, entre ellas una escuadra de gastadores y la Banda del Regimiento de Zapadores Nº 8 Los lucenses, acostumbrados a la convivencia diaria con los restos de nuestra milenaria historia, tendemos a dejar en el olvido sucesos y situaciones que han tenido y aún tienen, una singular importancia en nuestro pasado más reciente. Cuando en los medios de comunicación y aún en las conversaciones escuchamos la palabra Frigsa, estamos lejos de imaginar lo que supuso y pudo llegar a suponer esta empresa. Toda esta historia comenzó cuando el presidente del Instituto Nacional de Industria (INI), Juan A. Suances, nombra en 1946 al coronel de Artillería Rufino Beltrán Vivar presidente del Departamento de Industrias de la Alimentación (DIA). Su experiencia en la Comisaría General de Abastecimientos durante siete años le consagraría como la persona más adecuada para desarrollar un plan ambicioso, la constitución de la Red Nacional del Frío, cuyos objetivos quedan plasmados en el anteproyecto de 15 de octubre de 1947. El ganado vivo perdía en los cinco días de transporte en vagones de tren un 10% de su peso, lo que suponía alrededor de 24 millones de pesetas anuales de la época, por ello mientras Madrid consumía 22.500 toneladas y Barcelona unas 17.000 de vacuno, era imperiosa la necesidad de crear mataderos e instalaciones frigoríficas en las zonas donde hubiese excedentes de ganado, en especial de vacuno. Votación El 2 de junio de 1951, y tras una reñida lucha con otras localidades, en especial Monforte, el consejo de administración de Frigsa, de la que formaban parte entre otros el presidente Rufino Beltrán Vivar, el vicepresidente Álvaro Gil Varela y como consejeros Antonio y Manuel Fernández, entre otros, acuerda en votación, y con un voto en contra, ubicar en Lugo las instalaciones de Frigsa. Se envía un telegrama al Ayuntamiento, el cual se reúne en sesión de urgencia presidido accidentalmente por Manuel Pedreira Castro y acuerda el envío del siguiente telegrama: «Interpretando sentimiento unánime esta ciudad, testimonio de gratitud por objetiva y justa ponderación razones económicas al acordar Consejo de su digna presidencia emplazar Matadero Industrial esta ciudad saludándole cordialmente. Alcalde de Lugo». La construcción Transcurridos unos meses comienzan las expropiaciones de terrenos, ocupados por huertos y labradíos. Las indemnizaciones muy bajas llevarían a bautizar las siglas de esta forma: «Farémonos Ricos Instalándonos Gratis Solares de Albeiros». Las obligaciones contraídas por el Ayuntamiento de facilitar 10 hectáreas de terreno, las instalaciones de alcantarillado y traída de aguas, supusieron un esfuerzo económico considerable que fue satisfecho en anualidades de 300.000 pesetas, mientras que la Diputación se encargó de los viales. Esta definición empieza a tomar fuerza, por la magnitud de unas instalaciones que tras cinco años de esfuerzos de seiscientos obreros que convirtieron 2.000 toneladas de hierro y 14.000 toneladas de cemento en una construcción de 38.000 metros cúbicos con un coste superior a los 160 millones de pesetas de la época. La instalación de muelles de carga de camiones y trenes, con su aparcadero, los corrales, cámaras frigoríficas, etcétera hacían que fuese una de las instalaciones más importantes de Europa. Por otra parte su capacidad de sacrificio de ganado era enorme, 500 cabezas de vacuno, 250 de cerda, 3500 de lanar y posteriormente de 12000 pollos, para cada turno de ocho horas, además de procesar 20 toneladas de despojos, como tendones, pieles, etc. El capital inicial se cifró en 200 millones, aunque pronto tendría lugar una ampliación de 100 millones, de toda la cuantía el INI aportó el 80% y el resto particulares.