Las cabras tiran a las viñas

Carlos Cortés
Carlos Cortés CHANTADA

LEMOS

ROI FERNÁNDEZ

En Directo Viticultores de la ribeira de Belesar se quejan de los daños que causa un macho cabrío que esquilma los brotes de sus cepas

29 abr 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

?os brotes tiernos de las cepas son un bocado suculento para los corzos, a los que los viticultores de la Ribeira Sacra temen como al pedrisco. Por eso cuando empezaron a aparecer cepas mordisqueadas en la ribeira chantadina de Belesar la mayoría pensaron en los corzos. Pero todo apunta a que se trata de una cabra, de un macho cabrío, concretamente. Modesto lo vio en varias ocasiones en su viña de Belesar y lo describe de este modo: «É un castrón, claramente. Ten barba de chivo e un só corno de máis de medio metro, como se fose un unicornio. E ten un porte que impresiona, eu bótolle que pesa uns setenta kilos». Escapado de la presa El animal se ha dejado ver en varias ocasiones durante los últimos días, en zonas de viñedos de Belesar y también de de parroquias próximas, como San Pedro de Líncora. Los testigos aseguran que no parece temer a la gente y que sólo escapa, dando grandes saltos entre los bancales, si alguien se le acerca mucho. Todos los intentos por atraparlo acabaron en fracaso. Algunos piensan que puede haberse escapado de alguna cuadra en alguno de los pueblos próximos. Otros, sin embargo, apuntan a las cabras que viven sueltas desde hace años en las cercanías de la presa de Belesar. Modesto no lo tiene claro, pero piensa que puede haber llegado desde la presa, a pesar de que el grupo de cabras que vive en libertad se encuentra en una zona de muy difícil salida. Venga de donde venga, el caso es que sus incursiones son devastadoras. Come los brotes de las cepas y las deja sin las uvas que en esta época empiezan a salir. Hay viñedos que ya han perdido para esta cosecha líneas enteras de cepas. Los viticultores están nerviosos y entre ellos alguno amenaza, medio en serio medio en broma, con prepararle alguna celada con escopetas para acabar drásticamente con el problema. El animal, mientras, parece no tener ninguna intención de cambiar de aires, ni de hábitos alimentarios, que por cierto son curiosos. «Polo que eu vin -dice Modesto-, gústanlle máis a garnacha e o alicante que o mencía».