Crónica | Los precedentes del primer vino ecológico de Galicia Esther Teijeiro se convirtió en pionera de la viticultura biológica tras comprobar el alarmante empobrecimiento de los terrenos por el uso continuado de herbicidas
07 may 2004 . Actualizado a las 07:00 h.El experto en edafología Claude Bourguignon comenzó a divulgar las técnicas de agricultura biológica entre los bodegueros de Borgoña al constatar un hecho inquietante: la actividad microbiana en el suelo de algunas viñas de la prestigiosa región francesa era menor que en el desierto del Sáhara. Sin necesidad de estudios ni de análisis, Esther Teijeiro, la primera elaboradora de vino ecológico de Galicia, llegó hace años a la misma conclusión en sus viñas de Mourelos. «Vin que a terra se quedaba desértica. Algo lle notei que non me pareceu normal e díxenlle adeus aos herbicidas», explica la bodeguera chantadina, que cultiva la ribera del Miño en la margen de O Saviñao. Las consecuencias de la contaminación de los terrenos por el uso abusivo de herbicidas y tratamientos fitosanitarios no se terminan en el viñedo. Detrás de los problemas de fermentación cada vez más frecuentes, por citar sólo un aspecto relacionado con la calidad de los vinos, están las prácticas poco respetuosas con el medio y la salud. Cuando tomó la decisión de renunciar a los herbicidas, Esther Teijero no pensaba todavía en el distintivo biológico, pero tenía muy claro el concepto de seguridad alimentaria. La idea, recuerda, «era deixar medrar a herba e o que saíse da viña que fose bo. Logo vimos a posibilidade de facelo ecolóxico e tamén prescindimos dos tratamentos sistémicos». La gran diferencia de los vinos ecológicos con respecto a los convencionales radica en las prácticas vitícolas. Si en la bodega es suficiente con aplicar unos niveles de sulfuroso ligeramente inferiores, en la viña hay que descartar todos los productos curativos que absorbe la planta (sistémicos y penetrantes) para superar los análisis periódicos que realizan los técnicos del consejo regulador. Vuelta al pasado Fundamentalmente, la viticultura ecológica consiste en una vuelta a las prácticas más tradicionales: cava y desbroce a la hora de eliminar las malas hierbas, y caldo bordolés y azufre para prevenir las enfermedades mediante la protección externa de la planta. Incluso con los tratamientos autorizados, existen unos niveles máximos por hectárea que si se superan implican la descalificación de la finca. «Na Ribeira Sacra, os socalcos favorecen a retención de sustancias no solo, pero non é ningún problema aplicando somentes os tratamentos que fan falta», explica un técnico de Agricultura Ecolóxica. De momento, Esther Teijeiro ha superado todos los obstáculos en el vino blanco, mezcla de godello y treixadura, que comercializa con la etiqueta Diego de Lemos. Las uvas proceden de una viña rodeada de monte, lo que evita su contaminación por filtraciones de parcelas colindantes. Paradójicamente, el tinto de la misma marca, en el que también se aplica viticultura ecológica, no puede llevar la etiqueta del consejo regulador por ese motivo. Los dos vinos, acogidos a la denominacion de origen Ribeira Sacra, se elaboran exclusivamente con uvas procedentes de Mourelos, una tierra «desastrosa en traballo, pero que compensa en calidade», en palabras de la bodeguera. Pocos apoyos Desde hace más de medio siglo, Esther, que es la titular de la bodega, y su marido Antonio, mantienen la viticultura viva en esa ribera del Miño, donde el monte se fue adueñando de las muras al ritmo del despoblamiento de las aldeas. «A xente emigrou e á que quedaba non lle facía moita gracia carretar as uvas ao lombo. Aínda que hoxe temos unhas pistiñas, gracias a deus, non se fai moito pola Ribeira Sacra», dice ella. La denominación de origen trajo consigo muchos cambios, pero el matrimonio continúa sacando las uvas «ao lombo» en la mayoría de los viñedos. Para los de peor acceso, compraron una carretilla de ruedas de cadena, de 500 kilos de capacidad, con el fin de realizar una vendimia más acorde con los tiempos. Aunque el vino alcanzó un precio razonable, los pequeños cosecheron no siempre se pueden permitir el lujo de instalar un elevador o de pagar mano de obra, si es que la encuentran. Pese a todas las dificultades, Esther nunca arrojó la toalla. «Hai que dar a coñecer as cousas moi boas que se fan en Galicia. Nós imos loitando como podemos. Á nosa idade non se pode facer moito máis».