Salud y beneficio

La Voz

LEMOS

LA TRIBUNA ASOCIACIÓN VECINAL DE LA ESTACIÓN Y AS CRUCES

12 ago 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

DEBIDO A las afirmaciones de los instaladores de telefonía mívil reflejadas el 4 de agosto en La Voz de Galicia, que dicen que existe una psicosis infundada entre los vecinos de los barrios monfortinos de la Estación y As Cruces porque las mediciones efectuadas en la calle Huertas dan resultados 500 veces menores al máximo permitido. También dicen que llevarlas a 600 metros de las casas sería contraproducente porque tendrían que ampliar la potencia. Ante eso, los vecinos de esos barrios tenemos que decirles: En primer lugar, en el Congreso de Salzburgo del año 200 investigadores de distintas partes del mundo recomendaron como seguro frente a las radiaciones electromagnéticas de telefonía una exposición que está 4.500 veces por debajo de lo estimado legal en algunos países de la Unión Europea, entre ellos España. En segundo lugar, hay que derjar claro que las pruebas en las que se basan las directrices del Consejo Europeo que establece en 450 microwatios por centímetro cuadrado la exposición máxima a los campos electromagnéticos de telefonía móvil tienen una carencia. No se puede demostrar que este límite está realmente en el umbral de lo seguro porque salen de unas pruebas que sólo registran efectos térmicos sobre el organismo humano. Las operadoras no admiten, por tanto, los efectos no térmicos que, según algunos investigadores, producen enfermedades diversas, entre las que se encuentra el cáncer. En cualquier caso, el Real Decreto que aplica en España esta normativa europea desde el año 2001 establece que las características de ubicación, potencia y funcionamiento deben minimizarse en la mayor medida posible en los niveles de emisión sobre espacios sensibles en un entorno de cien metros de escuelas, centros de salud, etcétera. Por algo será. El alcance de las antenas emisoras de una torre de telefonía está comprendido entre los 25 y los 30 kilómetros. ¿Qué repercusión negativa puede tener alejarlas a 600 metros de las viviendas como hacen en otros países sin que su cobertura se vea afectada. No hace falta ser muy inteligente para deducirlo. Las compañías perderían facilidad de acceso y cercanía a las fuentes de alimentación. Y ante la rentabilidad económica lo que menos cuenta para ellas es el derecho a la salud y a la vida de los demás.