Susana Arias, neuróloga: «Es probable que surjan biomarcadores que nos indiquen las personas con más riesgo de ictus»

Lucía Cancela
Lucía Cancela LA VOZ DE LA SALUD

ENFERMEDADES

La Dra. Susana Arias Rivas, neuróloga de la Unidad de Ictus de Hospital Clínico Universitario EOXI de Santiago de Compostela
La Dra. Susana Arias Rivas, neuróloga de la Unidad de Ictus de Hospital Clínico Universitario EOXI de Santiago de Compostela

La especialista compostelana recuerda que en la patología cerebrovascular el tiempo es vida y que, por cada minuto que el cerebro pasa sin flujo de sangre, se pierden millones de neuronas

27 ene 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

La doctora Susana Arias (Santiago, 1979), neuróloga del área sanitaria de Santiago de Compostela e Barbanza, es uno de los nombres gallegos que figuran en la junta directiva de la Sociedad Española de Neurología (SEN). La experta, reelegida vocal del área de Relaciones Profesionales y Sociedades Científicas Afines, ha centrado su trabajo en la enfermedad cerebrovascular, cuyas cifras se esperan que aumenten a nivel nacional y autonómico. 

—Si miramos las casos del ictus, vemos que afectará a una de cada cuatro personas a lo largo de su vida. Es lógico que nos entre un poco el miedo. ¿Qué podemos hacer para evitarlo?

—Nueve de cada diez ictus podrían ser prevenibles con un adecuado control de los factores de riesgo vascular. En primer lugar, hay factores no modificables, y el principal aquí es la edad. Pero, después, hay muchos otros en los que sí podemos intervenir. Este es el caso de la hipertensión arterial, que es el más importante; la diabetes, mediante un buen control de sus cifras; el colesterol y, a su vez, el abandono de los hábitos tóxicos, como es el tabaquismo y el alcohol. Hoy en día también se sabe que la obesidad y el sedentarismo son otros factores de riesgo. Por eso se recomienda hacer, al menos, 150 minutos de ejercicio a la semana. Hay que decir que el ejercicio tiene que ser conforme a lo que cada sujeto sea capaz de hacer. Todo esto es prevención primaria, es decir, antes de que el sujeto tenga un ictus. Después, en la secundaria —una vez que la persona lo ha tenido— depende de la causa. Si el origen está en un problema cardíaco, una alteración en el ritmo del corazón, sería la anticoagulación; si hay un problema de las arterias que llevan la sangre al cerebro, a lo mejor necesita algún tipo de revascularización carotídea.

—¿Siempre queda un porcentaje inevitable?

—Cada vez vivimos más años y, como decíamos antes, el principal factor de riesgo es la edad. Las mujeres somos más longevas que los hombres. Es más, nuestra principal causa de muerte es, precisamente, el ictus.La edad es un factor de riesgo frente al cual poco podemos hacer. También tenemos que decir que otros ictus se deben a determinadas enfermedades genéticas, como puede ser la de CADASIL. En este caso, pese a un buen control de los factores de riesgo, hay un gen que puede predisponer a la aparición de ictus. Por otra parte, también son frecuentes en las personas jóvenes y aquí es importante destacar el tema de consumo de drogas. 

—¿Qué le pasa al cerebro cuando sufre un ictus?

—Viene del latín y significa golpe. Es algo que sucede de forma brusca y repentina. Pueden ser de dos tipos: isquémicos o hemorrágicos. Tenemos un sistema arterial, como de tuberías. En el ictus isquémico, esa tubería se cierra, se tapona. Y por ello queda una zona del tejido sin riego sanguíneo, una zona isquémica. En otras ocasiones puede ocurrir lo contrario, que la tubería se rompa, que supone el 20 % de los casos. Esto es un ictus hemorrágico, caracterizado por las hemorragias cerebrales. Esto es como si hubiese una inundación que, se acaba limpiando, pero al final siempre deja un daño. 

—¿Por qué aparecen los síntomas típicos del ictus?

—Desde el año 2015, el Sergas está haciendo una muy buena campaña de concienciación social y de educación a la población con la campaña de las tres efes: forza, faciana e fala. Esto sirve para que, como ocurre con otras patologías, la población sepa reconocer que la aparición brusca de pérdida de fuerza, generalmente con un patrón de distribución de mitad del cuerpo; alteración para la adecuada articulación del lenguaje o comprensión del mismo, y desviación de la comisura bucal, son síntomas de ictus. Son los llamados focales, porque cuando se cierra una determinada arteria, su territorio vascular se ve afectado. Por eso, en los ictus encefálicos, cerebrales, el patrón de distribución es de mitad del cuerpo. Si nosotros tenemos un ictus en la médula, el patrón de distribución va a ser de paraplejia, las dos piernas. Tampoco podemos olvidar otros signos, como la pérdida de visión en un solo ojo, o lo que nosotros llamamos los síntomas de fosa posterior. Una inestabilidad con una falta de coordinación y un vértigo intenso, acompañado de náuseas, vómitos y dificultad para tragar. También recomendamos que aquellos pacientes con síntomas de cefalea intensa, llamada cefalea en trueno, un dolor de muy corta duración y muy alta intensidad, acompañado de disminución del nivel de conciencia, siempre deben consultar.

—Hasta los dos mil, las opciones terapéuticas eran muy limitadas. ¿Qué puede hacer hoy en día la medicina por mí si tengo un ictus que no pudiese hacer antes?

—Esto ha cambiado de forma radical. En primer lugar, hay un concepto clave, que es que el tiempo es cerebro. El tiempo perdido es cerebro perdido. Por cada minuto sin flujo, el cerebro pierde doce kilómetros de fibras axonales y varios millones de neuronas. Por eso, esto es una patología tiempo dependiente. Se han establecido todos estos circuitos del código ictus. Los tratamientos que tenemos son de dos tipos. En primer lugar, un tratamiento agudo, que sería el dar un fármaco por la vena, aplicable en las primeras cuatro horas y media desde el inicio de los síntomas. Puede parecer mucho tiempo, pero no lo es, porque el paciente tiene que tener un reconocimiento de sus síntomas y acudir a un centro hospitalario, donde se le hace un TAC, se demuestra que es un ictus isquémico y recibe el tratamiento intravenoso. El objetivo es recanalizar el trombo que se ha formado en la arteria. El problema es que la eficacia de este abordaje es baja, en torno a un 20 %, y para arterias de gran calibre lo es todavía menos, porque el tratamiento fibrinolítico no consigue romper el trombo. Desde el 2015, afortunadamente, disponemos de técnicas de trombectomía mecánica. Mediante un catéter, se llega a la zona donde está el trombo y se elimina. Esto no se puede hacer en todos los pacientes. Tienen que ser casos seleccionados, y durante unas ventanas de tiempo, el estándar es de seis horas. En casos seleccionados se podrían aumentar esas ventanas de tiempo. Afortunadamente, en nuestra comunidad autónoma, para la equidad en la asistencia sanitaria, se dispone de un sistema en el que se atienden a los pacientes que llegan a hospitales comarcales para que puedan recibir el tratamiento agudo intravenoso en el menor tiempo posible. Esto se hace desde su propio hospital comarcal, porque están en comunicación con un neurólogo de un hospital de tercer o segundo nivel. De esta forma, no tienen que ser trasladados y perder tiempo.

—¿Qué se espera que puedan hacer en los próximos veinte años?

—Cada vez viviremos más y, por ello, se supone que estaremos en mayor riesgo de padecer más ictus. En primer lugar, la prevención. Es decir, hay que llevar un control exhaustivo de los factores de riesgo vascular. Probablemente surgirán biomarcadores que nos indiquen cuáles son aquellos sujetos que tengan mayor riesgo de sufrir un ictus. ¿Por qué no poner la tecnología también al servicio de esto? Es decir, sistemas que ya existen hoy, relojes, dispositivos, que nos permiten la detección temprana de arritmias, como la fibrilación auricular, que es la principal causa del ictus de origen cardioembólico, que representa, aproximadamente, un tercio de los casos. Hoy en día también hay grandes avances en el manejo de la dislipemia. Nuevos fármacos, incluso pronto tendremos terapias dirigidas frente a la lipoproteína A, que también es un factor de riesgo muy importante. Creo que la digitalización y la inteligencia artificial también nos ayudará en el mejor manejo de la neuroimagen, de la neuroimagen urgente, la lectura de TAC, la lectura rápida de TAC con secuencia vascular, y que nos ayude a una mejor selección de los pacientes que vayan a ir a trombolisis o a trombectomía mecánica. Otra parte en la que los neurólogos siempre confiamos y que, por ahora, los fármacos que se han ensayado aún no han demostrado beneficio, es en la neuroprotección. Es decir, qué más le podemos dar al cerebro para protegerlo o para mejorar su recuperación en un paciente que tiene un ictus. Pienso que no estaremos muy lejos de que salgan nuevas terapias farmacológicas con fármacos antitrombóticos, diferentes a los que disponemos actualmente y, probablemente, también caminaremos hacia terapias combinadas personalizadas. Un punto muy importante en los pacientes con ictus es la rehabilitación. Aquí, el empleo de la robótica, pues ya existen exoesqueletos, y por qué no, el empleo de la realidad virtual para conseguir una rehabilitación en los pacientes con ictus y una recuperación funcional más rápida. Creo que tenemos que hacer un enfoque poblacional, tenemos que educar a la población sobre esta patología, que es muy prevalente y prevenible con un adecuado control de los factores de riesgo. En este sentido, son necesarias políticas de prevención y de envejecimiento saludable. Sobre todo, porque pienso que la clave del futuro de la patología vascular es un mensaje preventivo, personalizado y tecnológico. Como siempre digo, ojalá no tuviéramos pacientes y ojalá no tuviéramos trabajo, el objetivo sería evitar todos los eventos antes de que ocurran.

—Se incrementan los datos de obesidad, los de diabetes, los de enfermedad renal crónica o los de hígado graso, incluso, en pacientes más jóvenes que hace unos años. ¿Es esperable que suceda lo mismo en ictus?

—Si va ligado a los factores de riesgo, sí. 

—Si mi riñón, mis pulmones, mi corazón funcionan mal… ¿Debo preocuparme por mi cerebro?

—Claro. Siempre digo que la patología vascular cerebral es como una tómbola, en la que tú vas comprando diferentes boletos. Hay uno que ya tienes que es la edad. Si luego te compras y manejas el de la hipertensión, el del colesterol, el del tabaco, el del alcohol, el de la obesidad y el del sedentarismo, es más fácil que te toque el premio. Si tú, en lugar de tener diez, tienes uno, es menos probable. 

—¿Cree que empodera al paciente el hecho de saber que un ictus se puede evitar?

—Sí. Por eso yo creo que es muy importante la educación poblacional, ya desde las escuelas. El mensaje social, también desde los medios de comunicación, porque al final muchas veces vuestro mensaje cala más que el nuestro en la consulta. Generalmente, los pacientes que han sufrido un ictus cambian su vida: deciden dejar el tabaco, reducen el consumo de alcohol, hacen ejercicio, pero claro, el objetivo es la prevención primaria. Es decir, evitar la hipertensión, el tabaco, la diabetes, el colesterol, el sedentarismo, la obesidad, el alcohol y las drogas recreativas. 

—¿Cómo afronta su especialidad un problema como el ictus, cuya mortalidad y discapacidad han disminuido en los últimos años, pero que se espera que su incidencia se incremente? 

—La neurología es una especialidad de presente, pero también de futuro. Debido al envejecimiento poblacional, vamos a lidiar con un aumento de un montón de las enfermedades que llamamos neurodegenerativas. Las más importantes van a ser el deterioro cognitivo, sobre todo,  enfermedad de Alzheimer, párkinson y, en tercer lugar, las enfermedades cerebrovasculares. Casi el 43 % de la población mundial padece una enfermedad neurológica. En Galicia, casi una de cada dos. Esto tendrá que tenerse en cuenta de acuerdo a la adecuación del número de neurólogos por habitante, a la complejidad de las enfermedades neurológicas, a los tratamientos existentes y a tener un poco una visión del futuro de las plantillas que se van a necesitar dentro de los hospitales.

—¿Cómo recibe, usted que conoce al ictus de cerca, los mensajes que cada vez se ven más en redes sociales asegurandoque el colesterol no es el problema?

—Muchas veces la persona cree que el problema es la cifra de colesterol. El problema es que, en los pacientes con hábito tabáquico, el daño va unido al que el colesterol ha hecho sobre la pared de las arterias. Es decir, ya no es solo cuestión del colesterol circulante, sino del depositado, que es como una pequeña montañita en la pared de las arterias que está causando estenosis. Como es una enfermedad panvascular que afecta a las arterias de todo el organismo, puede dar lugar a ictus isquémicos, es decir, infarto cerebral, pero también infarto de miocardio o problemas de circulación en las piernas. Hay muchos estudios, y está más que demostrado, que el adecuado control de las cifras de colesterol LDL disminuye los eventos vasculares mayores, bien sean cardíacos o bien sean cerebrales. También se han publicado las últimas guías del manejo de lípidos en septiembre del 2025, y pone un punto importante sobre estos remedios naturales, que te lo piden mucho en la consulta. Estos productos de herboristería, que aunque puedan bajar un poco el colesterol, no han demostrado beneficio cerebro cardiovascular. Es decir, ya no solamente es que las pastillas del colesterol reduzcan los niveles circulantes, sino que se dice que tienen efectos pleiotrópicos, efectos beneficiosos sobre ese colesterol que ya está depositado en la pared del vaso, que está ocasionando un cierto grado de estenosis, y que, como es una montañita, puede romperse y embolizar. Hay que evaluar bien el riesgo de cada sujeto. Hay diferentes herramientas, diferentes scores que nos ayudan a decidir cómo iniciar el tratamiento y la intensidad, y buscar la reducción del colesterol malo, que es el colesterol LDL. Se sabe que cuanto una reducción más intensa, hay un menor riesgo vascular. En resumen, el manejo de los lípidos no es solamente la ficha del colesterol que te muestran los análisis. Como médicos, tenemos que evaluar el riesgo del paciente. No es lo mismo alguien de 40 años que solo tenga dislipemia, que alguien de 70 que tenga dislipemia, hipertensión arterial y diabetes. Por eso, hay que hacer un enfoque personalizado y fundamentado en la evidencia clínica. 

Lucía Cancela
Lucía Cancela
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Graduada en Periodismo y CAV. Me especialicé en nuevos formatos en el MPXA. Antes, pasé por Sociedad y después, por la delegación de A Coruña de La Voz de Galicia. Ahora, como redactora en La Voz de la Salud, es momento de contar y seguir aprendiendo sobre ciencia y salud.

Graduada en Periodismo y CAV. Me especialicé en nuevos formatos en el MPXA. Antes, pasé por Sociedad y después, por la delegación de A Coruña de La Voz de Galicia. Ahora, como redactora en La Voz de la Salud, es momento de contar y seguir aprendiendo sobre ciencia y salud.