La ciencia se prepara para un probable aumento del cáncer por los cigarrillos electrónicos: «Un consumidor habitual puede hacer más de 70.000 inhalaciones al año»
VIDA SALUDABLE
Los expertos alertan sobre el potencial cancerígeno de los cigarrillos electrónicos con nicotina y reclaman medidas más efectivas contra su comercialización y promoción
31 mar 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Una revisión de estudios de diferentes tipos sobre cigarrillos electrónicos publicados desde 2017 al 2025 confirma que aquellos que contienen nicotina probablemente son carcinógenos para los humanos y causarán un número aún indeterminado de casos de cáncer de boca y pulmón. Así, la exposición a aerosoles de los cigarrillos electrónicos con nicotina se asocia a algunas de las características clave de la carcinogénesis, como daños al ADN, estrés oxidativo y cambios epigenéticos que aumentan el riesgo de cáncer de la cavidad oral, de pulmón y otras formas de cáncer entre las personas que utilizan estos dispositivos, incluso aunque no hayan sido usuarios de productos convencionales del tabaco. «La conclusión es inequívoca, aunque los estudios en humanos que estimen el riesgo tardarán décadas en acumularse», afirman los autores de este estudio de la Sociedad Australiana de Oncología (en inglés, Clinical Oncology Society of Australia) que acaba de ser publicado en la revista Carcinogenesis.
El uso de este tipo de dispositivos se ha ido popularizando con el tiempo en nuestro país. «Apoyado por la capacidad adictiva de la nicotina, la utilización de aromas y diseños especialmente atractivos para adolescentes y jóvenes, y una información que presenta estos dispositivos como si se limitaran a emitir vapor de agua», asegura Josep Maria Suelves, investigador de Behavioural Design Lab en el UOC eHealth Center, vocal de la junta directiva de la Sociedad de Salud Pública de Cataluña y de Baleares y vicepresidente del Comité Nacional para la Prevención del Tabaquismo, en declaraciones a Science Media Centre. Los estudios sobre sus efectos escaseaban cuando se inició su comercialización, pero ahora, empiezan a aflorar y, en sus palabras, «se aleja cualquier duda sobre el perjuicio que supone la adicción a la nicotina en la adolescencia y los daños que ocasiona el uso de estos dispositivos sobre la salud respiratoria y cardiovascular».
Los expertos concuerdan en que resulta complicado aportar datos epidemiológicos del impacto del uso de cigarrillos electrónicos en la incidencia y la mortalidad por cáncer. «Porque, como en el caso de otros factores causales de esta enfermedad como el uso de tabaco, es previsible que transcurran décadas desde el comienzo de la exposición hasta que empieza a diagnosticarse un número significativo de casos», comenta Suelves.
«Llevo publicando trabajos sobre este asunto (los cigarrillos electrónicos) desde 2009 y siempre dije que esta relación con el efecto cancerígeno era una posibilidad que tardaría en demostrarse, dado que hace falta un consumo promedio durante quince o veinte años para poder demostrarlo», comenta Rodrigo Córdoba, médico de familia, profesor asociado a la facultad de Medicina de la Universidad de Zaragoza, miembro del Grupo de Tabaco de semFYC y delegado del Comité Nacional para la Prevención del Tabaquismo, también a Science Media Centre. «A menudo se ha dicho por parte de autores vinculados a la industria que el contenido tóxico es muy inferior, pero omiten que un consumidor habitual de estos productos puede hacer más de 70.000 inhalaciones al año y que no hay un umbral de seguridad frente a carcinógenos de grupo A como los metales pesados, las nitrosaminas y otros. Por lo tanto, las conclusiones son plenamente plausibles», añade.
Por lo tanto, de acuerdo con la evidencia científica disponible, no es adecuado proponer el uso de cigarrillos electrónicos como un estrategia efectiva y segura para reducir los riesgos asociados al consumo de tabaco. «Es necesario adoptar nuevas medidas para prevenir el inicio de su consumo entre jóvenes y adolescentes, regulando mejor su promoción y comercialización, limitando el uso de aromas y diseños que les confieren un mayor atractivo, evitando la comercialización de dispositivos desechables, y sometiendo a un régimen fiscal adecuado a su impacto negativo sobre la salud pública, tal y como se viene reclamando desde el Comité Nacional para la Prevención del Tabaquismo y otras organizaciones científicas y sanitarias», detalla Suelves.
Según la última encuesta sobre Uso de Drogas en Enseñanzas Secundarias, los jóvenes de entre 14 a 18 también empiezan a percibir el riesgo de los cigarrillos electrónicos y los vapeadores, dos dispositivos que en los últimos años se encontraban al alza y cuyas métricas de consumo descienden por primera vez. Un 57,3 % de los estudiantes considera que su consumo esporádico puede tener consecuencias negativas para la salud, representando un incremento del 18,5 % puntos respecto al año anterior. Fruto de esa concienciación, el vapeo se reduce, aunque sigue siendo elevado: la mitad de los encuestados (el 49,5 %) declara haber utilizado estos dispositivos alguna vez en la vida, suponiendo una reducción de 5,1 puntos porcentuales respecto al 2023. Sin embargo, Galicia es la comunidad autónoma donde menos prevalencia existe de cigarrillos electrónicos: un 41,4 % (ocho puntos menos que la media nacional) los ha utilizado alguna vez en la vida.