Uxía Fernández, médico: «No podemos culpar a los pacientes del uso de los servicios de urgencias»
ENFERMEDADES
La coordinadora del grupo nacional MIR, de la Sociedad Española de Medicina de Urgencias y Emergencias, aplaude que este año, por primera vez, haya plazas formativas para la especialidad de Urgencias
24 ene 2026 . Actualizado a las 05:00 h.El examen MIR, que se celebra este sábado, oferta por primera vez plazas de formación en Medicina de Urgencias y Emergencias. Uxía Fernández Robelo (A Coruña, 1991), médico de Urgencias Hospitalarias en el Chuac y coordinadora del grupo nacional MIR, de la Sociedad Española de Medicina de Urgencias y Emergencias (Semes), aplaude la decisión, porque, dice, asegura la seguridad en la atención a los pacientes.
—Se estrena su especialidad cumpliendo una demanda que viene de lejos.
—Sí. Esto es la resolución a muchos años de lucha por conseguir la especialidad, por igualarnos al resto de países europeos. Por fin la hemos conseguido, y ahora toca ver el desafío que viene de formar a nuevos residentes en medicina de urgencias.
—Si no existía la especialidad, ¿cómo llegaban los profesionales a la especialidad de urgencias?
—La mayoría somos médicos de familia. La especialidad, hasta ahora, no existía así que lo que hicimos fue hacer nuestra residencia y, los que podíamos tener un gusto por las urgencias, realizar más cursos, siempre de forma vocacional. Además, es cierto que en medicina de familia haces guardias en urgencias, algo que nos daba un poco de formación, pero que desde luego, no estaba dirigida a ello. En realidad, pese a que los médicos de familia somos mayoría, cualquier especialidad puede trabajar en urgencias, ya sea oftalmólogo o endocrino. Se podía acceder desde cualquier campo.
—¿Por qué es importante una especialidad concreta?
—Cuando tú tienes una urgencia, una emergencia, necesitas solucionarla en muy poco tiempo. Somos los que damos la primera atención. Hace falta estar muy bien preparados para que esa primera atención, que es tan importante, sea la mejor posible. De esta forma, podemos dar la mejor calidad en el servicio, con la mayor seguridad para estas patologías que, además, son tiempo-dependientes. Es decir, tenemos que hacerlo lo mejor posible en el menor tiempo posible. Y, luego, porque es una especialidad en la que muchos médicos se van a jubilar en poco tiempo y precisamos un recambio generacional, del que ya se lleva hablando mucho tiempo en cuanto a recursos humanos. Pero la formación específica es relevante porque, en realidad, no tenemos una que sea homogénea e igual para todos, sino que depende de lo que en cada uno ha podido y querido invertir su tiempo. Y de esto no puede depender el paciente.
—Les tiene que gustar esa adrenalina.
—Tú no eliges urgencias, urgencias te elige a ti. Esto es una personalidad. Te tiene que gustar la sensación de adrenalina pura. Es un trabajo muy exigente, con noches y fines de semana. Como cualquier especialidad, tiene que ser algo que te guste.
—¿Qué competencias se les exige?
—Por ejemplo, ahora que acabamos de tener la tragedia ferroviaria en Adamuz. En este tipo de incidentes de múltiples víctimas se ve la importancia de un buen servicio, de una buena coordinación de médicos de urgencias. Tenemos que estar lo mejor formados para que si en algún momento se produce, sepamos responder. Además, las urgencias están en todas partes. Tanto en los grandes hospitales, como en los comarcales, como en las extrahospitalarias. Es una red muy grande.
—¿Cómo es el trabajo de urgencias?
—Es un trabajo que cada día puede ser diferente, cada paciente lo es. Pero también es muy demandante. Hay muchas urgencias al día, nuestros servicios están muy masificados y los recursos humanos que tenemos son los que son. Desde fuera se puede ver algo caótico, pero nosotros trabajamos con unos algoritmos muy concretos y de una manera muy organizada porque es la única manera que tenemos de sacar todo este trabajo adelante.
—¿Qué cuadros clínicos suelen ver?
—Todo depende. Hay días que parece que todo se agrupa y solo ves dolores abdominales, pero la realidad es que puedes ver desde una hemorragia cerebral, pasando por un infarto, por una fractura de tibia y peroné, o a una persona que simplemente viene por una crisis de ansiedad. Sí que es verdad que dependiendo de los hospitales también se atiende ginecología y pediatría, no en todos, pero vemos todo tipo de patologías. Por eso, nuestra formación implica que tenemos que saber mucho de muchas cosas y eso es complicado. Es una de las razones por las que necesitamos esta especialidad y estos nuevos residentes.
—Por el momento se convocaron 82 plazas en toda España, seis en Galicia. ¿Se queda corto o es una buena forma de empezar?
—Se queda corto si hablamos de recambio generacional. Necesitamos muchos más residentes. Pero, es cierto que nuestros servicios tienden a estar muy masificados y nosotros queremos dar lo mejor para estos nuevos residentes. Vamos a tener que dedicar tiempo a tutorizarlos, a la docencia y la investigación que tan importantes son. Por eso, como una primera toma de contacto en este primer año está bien. Eso sí, dejando claro que la necesidad es muchísimo mayor y que nosotros esperamos con las puertas abiertas que nos den muchas más plazas.
—¿Varían según la época del año?
—Sí. Es cierto que un infarto o un ictus lo tenemos por igual en verano que en invierno, pero en la época actual, por ejemplo, tenemos muchos más cuadros respiratorios, como las gripes. Mientras que en el verano atendemos más golpes de calor, patologías derivadas un poco más del ocio. A lo mejor hay más intoxicaciones digestivas. En cualquier caso, la patología que vemos es muy variada y está muy distribuida a lo largo del año.
—¿Utilizamos mal los servicios de urgencias?
—Creo que nunca podemos culpar a los pacientes del uso. Cuando una persona se encuentra mal tiene que hacer el uso que considere. Pero tenemos que pedir responsabilidad y educación sanitaria. El servicio de urgencias está abierto las 24 horas del día, siete días a la semana y todos los días del año. Es verdad que ahora la atención primaria también está muy saturada y, muchas veces, no pueden atenderte con la necesidad de un día para otro. Por eso, pienso que hay que encontrar un equilibrio entre la mayor necesidad de recursos que tenemos, y una mayor educación sanitaria a nivel poblacional. Pero insisto, no se culpa al paciente, sino que se pide más responsabilidad, que la mayoría de veces la hay.