Un estudio vincula las urgencias neurológicas con la contaminación: «El ozono hace que lleguen neurotoxinas al cerebro»
ENFERMEDADES
La investigación, realizada por el Instituto de Salud Carlos III, halló que una de cada ocho urgencias neurológicas se asocian a corto plazo a la contaminación atmosférica en diez ciudades españolas
22 dic 2025 . Actualizado a las 05:00 h.El aire que respiramos llega a todos los tejidos de nuestro cuerpo. A través de los pulmones, el oxígeno inhalado pasa de los alvéolos a los capilares sanguíneos, que lo transportan por medio de la hemoglobina presente en los glóbulos rojos hasta cada una de las células. Este proceso se repite cada vez que respiramos: en la inhalación, el oxígeno realiza todo este recorrido y, en la exhalación, el dióxido de carbono hace el inverso para ser expulsado del cuerpo. No resulta, por tanto, sorprendente que cualquier cambio en la calidad y las características del aire que compone la atmósfera pueda tener un impacto en nuestra salud.
Ahora, un nuevo estudio del Instituto de Salud Carlos III (ISCIII) aporta nuevas evidencias acerca de cómo se produce este impacto. En este trabajo, publicado en la revista Atmospheric Environment, los expertos hallaron que uno de cada ocho ingresos urgentes por causas neurológicas se relaciona a corto plazo con la contaminación atmosférica.
El estudio
La investigación analizó más de 15.000 hospitalizaciones urgentes por demencia, párkinson, alzhéimer y esclerosis múltiple en diez de las provincias más pobladas de España entre los años 2013 y 2018. El análisis estableció un vínculo entre estos ingresos hospitalarios y las concentraciones medias diarias de partículas en suspensión PM10 y PM2,5, dióxido de nitrógeno (NO2) y ozono troposférico (O3), así como las temperaturas máximas y mínimas diarias en olas de calor y frío, respectivamente.
«Ya habíamos encontrado una relación similar para la ciudad de Madrid en otros estudios del 2016 y del 2018», observa el doctor Julio Díaz, uno de los coordinadores del Departamento de Cambio Climático, Salud y Medio Ambiente Urbano del ISCIII y coautor de este trabajo. «Esto nos llevó a pensar que teníamos que hacer un estudio en toda España», detalla.
La investigación se centró, sobre todo, en determinados contaminantes presentes en grandes cantidades en las zonas urbanas. «Analizamos las capitales de diez provincias y observamos los principales elementos contaminantes en ellas, que son las partículas PM10, las PM2,5, el dióxido de nitrógeno y el ozono. Lo que se ve es que en esos seis años el contaminante cambia según la provincia en la que se está analizando. Por ejemplo, donde mayor impacto se ve es en Valencia, donde la mitad de los ingresos que se producen están relacionados con el dióxido de nitrógeno o el ozono», explica Díaz.
El mecanismo por el que compuestos como el ozono pueden causar enfermedades o agravar patologías existentes está relacionado con su potencial oxidante. «Además, el ozono tiene la particularidad de que puede atravesar la barrera hematoencefálica. Al hacerlo, hace que ciertas sustancias proinflamatorias y neurotoxinas lleguen al cerebro, con un impacto en la progresión de las enfermedades», detalla Díaz.
Por qué hay más ozono en el aire
El ozono, un gas que se produce a partir de otras emisiones urbanas a la atmósfera, requiere para su formación de precursores, sustancias que son expulsadas hacia el aire por otros medios. «Para que haya ozono hacen falta estos precursores, pero también otras condiciones. Hace falta luz solar y estabilidad atmosférica. La región de Valencia, por la presencia de precursores sumada a su constitución orográfica y geográfica, tiene unas circunstancias que favorecen el impacto del ozono en la salud», advierte el experto del ISCIII.
Cabe señalar que la presencia del ozono a nivel estratosférico —la conocida capa de ozono— es beneficiosa porque absorbe el impacto de la radiación ultravioleta para que no llegue a la superficie terrestre. Sin embargo, cuando se encuentra en grandes concentraciones en capas inferiores de la atmósfera, sus efectos cambian. Sus propiedades oxidativas lo hacen capaz de producir patologías respiratorias, entre otras.
En este estudio, los investigadores hallaron que el ozono se ha convertido en un causante de problemas cada vez más significativo. «Está bajando el impacto de las partículas PM y está subiendo el impacto del ozono no solo en cuanto a enfermedades neurológicas, sino también en ingresos relacionados con patología respiratoria, cardiovascular y por todas las causas», observa Díaz.
Este gas es, en gran medida, de origen antrópico, lo que significa que su dispersión en el aire es producto de la actividad humana. «Proviene fundamentalmente del tráfico rodado», subraya el experto. Por su parte, las partículas suspendidas en el aire, conocidas como PM (material particulado, por sus siglas en inglés), son sólidos o líquidos presentes en el aire que se clasifican según su tamaño y que también provienen principalmente de fuentes humanas, en este caso, de la industria y de la producción de energía. «La contaminación por PM ha bajado muchísimo en los últimos años, pero el dióxido de nitrógeno no», señala el investigador. La diferencia radica en las características del medio ambiente, que, con el cambio climático, se han modificado, facilitando la formación de ozono.
El aire gallego
En Galicia, la presencia de estos tóxicos no es tan elevada como en otras zonas de España, si bien la comunidad se enfrenta a los mismos desafíos que el resto. «El problema que no hemos resuelto es el del transporte», resume Juan José Casares, profesor emérito de la Universidade de Santiago de Compostela (USC) e investigador en Ingeniería Química especializado en contaminación ambiental. «Mientras no resolvamos el problema de los combustibles fósiles, tendremos ozono», subraya.
Esta actividad se suma a la producción de energía. «Hoy en día no tenemos centrales de energía térmicas de carbón, pero sí tenemos centrales que utilizan combustibles fósiles y producen óxidos de nitrógeno», detalla Casares. Estos son los precursores del ozono. A pequeña escala, estos contaminantes se pueden disipar, pero el experto explica que, pasado cierto punto, eso no es posible: «La atmósfera no es infinita, es una capa de 80 kilómetros, que es poco más que la distancia entre A Coruña y Santiago».
Con todo, las características demográficas y geográficas de la comunidad gallega son cartas que juegan a su favor. «No tenemos grandes aglomeraciones como en Madrid o Barcelona. Estas ciudades donde viven millones de habitantes tienen problemas de inversión térmica. Durante épocas frías y sin viento, el aire no se mueve y se genera la niebla tóxica. Aquí tenemos vientos, sobre todo en la costa, que evitan esas concentraciones de ozono. Y donde hay emisiones industriales, las chimeneas altas permiten que se diluya en capas más altas de la atmósfera. No podemos decir que tengamos una mala calidad del aire», describe Casares.
La excepción, aclara, serían los incendios que en los últimos veranos han azotado los montes gallegos. «Pero probablemente el próximo año nos afecten menos, porque ya está todo quemado y no volverá a arder hasta que broten más árboles», lo que prevé que sucederá dentro de un lustro.
Efectos en el organismo
El aire que respiramos es una variable crucial para nuestra salud. En este sentido, el doctor Javier Barcala, miembro del Área de Neumología Ambiental y Ocupacional de la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (Separ) y profesor de la USC, señala que «la contaminación nos afecta a todos, todo el tiempo. Aunque su impacto sea pequeño en Galicia, es sostenido en el tiempo y esto acaba provocando un efecto acumulado importante».
A nivel del sistema respiratorio, el impacto es claro: desde el asma hasta la incidencia del cáncer de pulmón pueden estar vinculadas a la contaminación atmosférica. «Incluso, enfermedades fuera del ámbito de la neumología, como el infarto o la embolia cerebral pueden estar vinculadas a la contaminación, porque su impacto es global todos los días del año», sostiene Barcala.
La contaminación nos afecta a todos, pero no por igual. «Dos factores a tener en cuenta son la intensidad de la agresión y el perfil de la persona afectada. La gente mayor es más vulnerable, así como los niños, que todavía tienen sus órganos en formación. En cuanto a la intensidad de la agresión, aunque en nuestra zona no es la peor del mundo, la tendencia global es a empeorar», advierte el neumólogo.