Starmer usa el auge de la extrema derecha para unificar a los laboristas
INTERNACIONAL
El premier británico ha asegurado que el populista Nigel Farage «no cree en el Reino Unido»
01 oct 2025 . Actualizado a las 05:00 h.El miedo puede ser un arma muy útil en política. Así el primer ministro británico, Keir Starmer, no dudó en utilizar el auge del populista y eurófobo Partido de la Reforma, a cuyo líder calificó de «racista» durante el fin de semana, para acallar las cada vez más frecuentes críticas a su gestión dentro de su propio partido e invitar a sus compañeros de formación a enfrentar a la extrema derecha.
«El Reino Unido está en una encrucijada. Podemos elegir entre la decencia y la división, la renovación o el declive», afirmó el mandatario en el discurso con el que este martes clausuró en Liverpool la conferencia anual del Partido Laborista. Acto seguido, Starmer volvió a atacar al controvertido Nigel Farage. «¿Cuándo fue la última vez que oyeron a Farage decir algo positivo sobre el Reino Unido? No puede. No le gusta el Reino Unido, no cree en el Reino Unido, y por eso recurre al agravio», dijo.
Y aunque en los últimos días su Gobierno ha vuelto a anunciar medidas para combatir la inmigración, en todas sus formas, algo que algunos de los suyos consideran una copia del Partido de la Reforma, el mandatario decidió trazar una línea roja.
«Expulsaremos a las personas que no tienen derecho a estar aquí y aseguraremos las fronteras británicas. Pero hay un límite, un límite moral», dijo refiriéndose a las medidas xenófobas. «Si dicen que las personas no pueden ser británicas por el color de su piel, que las personas que han vivido aquí durante generaciones, que han criado a sus hijos, construido sus vidas, trabajando en nuestras escuelas y nuestros hospitales, ahora deben ser deportadas, recuerden mis palabras: los combatiremos con todas nuestras fuerzas, porque son enemigos de la renovación nacional», prometió. Farage, por su parte, lo acusó de poner en peligro la seguridad de los simpatizantes de su formación.
Starmer también pidió a los suyos no entregar las banderas del país a una determinada tendencia: «Son nuestras también». Mientras pronunciaba estas palabras sus ministros, diputados y demás asistentes ondearon la enseña nacional, así como la inglesa, la escocesa, la galesa y la norirlandesa.
Durante el verano, las banderas, en particular la inglesa, fueron enarboladas por los asistentes a las marchas antiinmigración. La dura intervención de Starmer parece haber servido para olvidar, al menos unos instantes, su mala valoración en las encuestas e incluso los rumores sobre un hipotético intento de reemplazarlo, con los que se inició la conferencia.