Tierras de Viriato: protegidos del «bicho»

La Serra da Estrela, donde vivió y lucho contra los romanos el gran íbero, es un paraíso desconocido y seguro en tiempos de pandemia


Lisboa

La pandemia del covid-19 ha obligado a buscar lugares seguros para trabajar, vivir o desconectar de la rutina, respirando aire puro, auténticos y libres del «bicho» que tanto nos asusta. No es fácil encontrar en la Península Ibérica, pueblos y aldeas que cumplan todos estos requisitos. En la Serra da Estrela, donde vivió y lucho contra los romanos, en el siglo II antes de Cristo, el que algunos califican como el primer iberista, Viriato, hay varias aldeas «serranas», de la red de aldeas históricas de Portugal, en los municipios de Seia, Manteigas, Covilhã y Guarda. Son desconocidas e ideales para olvidar el virus y recuperar el ánimo y la esperanza, con el único ruido de sus cascadas o del sonido de los árboles y los pájaros del bosque mientras se pasea por sus bosques centenarios, por los que hace más de 2.000 años anduvo el pastor Viriato con sus ovejas.

Ejemplo de lo anterior es Lapa dos Dinheiros, de apenas 450 habitantes, ubicada en el Souto da Lapa, donde nacen espectaculares cascadas de agua, en la falda de una de las montañas alpinas que configuran la Serra da Estrela, a 850 metros de altura, en pleno parque natural. Sus habitantes, aunque pertenecen al municipio de Seia, tienen una identidad propia y un orgullo histórico, ya que su nombre se debe al rey Don Dinis (1261-1325) «a quien quisieron agasajar con todos los honores durante su visita a la sierra y pagaron de su propio bolsillo, con sus dinheiros, dinero, el gran banquete que le ofrecieron», cuenta el ingeniero Nuno Bravo, oriundo de la aldea, y que ha ido comprado, poco a poco, con su mujer, María Manuel Silva, varias casas de piedra, dándoles una vida nueva en el innovador proyecto Casas da Lapa. «La pandemia nos obligó a retrasar la inauguración hasta junio, pero nos ha demostrado que este tipo de proyectos rurales, donde se puede trabajar, vivir o desconectar unos días, son los que tienen presente y futuro», explica Nuno Bravo. «Este es un proyecto de vida. Nací aquí, mis padres viven aquí, no hay lugar más puro y bello con un aire y un agua tan especial», afirma el ingeniero. «Tengo mi farmacia en Coímbra y doy clase en la Facultad de Farmacia, durante la semana, pero el fin de semana venimos siempre aquí, donde seguimos trabajando», continúa María Manuel, quien añade: «Somos conscientes de que hay que garantizar la seguridad total de nuestros huéspedes, por eso nos involucramos tanto, para evitar cualquier riesgo».

De las 15 rutas pedestres más conocidas de la Serra da Estrela, la de la Caniça ocupa un lugar preferente. El motivo, su belleza y autenticidad. Los ocho kilómetros de recorrido por la falda de la montaña, con comienzo y final en Lapa dos Dinheiros, están protagonizados por castaños centenarios, algunos de más de 500 años, y abundante flora autóctona, como el musgo que cubre las zonas más próximas del agua, y los acebos, tan típicos de esta época del año. El ruido de las numerosas cascadas que se encuentran, denominadas quedas da Caniça, acompañan un recorrido de subidas y bajadas adecuado para caminantes de todas las edades, también para los más pequeños de la casa. «Estos bosques guardan muchos secretos de infancia», explica con una sonrisa pícara Nuno Bravo. «De niño me encantaba venir aquí, al Buraco da Moura, meterme en la cueva, una de las preferidas de los espeleólogos lusos, por su singularidad y belleza y después subirme a lo alto de la roca que llamamos el castillo», se recrea Nuno.

El municipio de Seia es muy conocido por su queso cremoso «amanteigado» de oveja, con denominación de origen. Las ovejas forman parte del paisaje de estas aldeas, que durante generaciones lleva elaborando el queso de la misma manera artesanal, cuajándolo con la flor del cardo y dejándolo reposar 40 días. «Toda mi familia ha sido siempre quesera y pastora», explica en su quesería de Seia, Adelaide Rodrigues.

«Ordeño la leche de 300 ovejas, y elaboro este queso y el requesón, que en Navidad está presente en las mesas lusas», confiesa Adelaide.

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