Tres cosas a observar en el Senado

INTERNACIONAL

Joe Biden visitó este martes, junto a sus dos nietas, su casa natal en Scranton (Pensilvania)
Joe Biden visitó este martes, junto a sus dos nietas, su casa natal en Scranton (Pensilvania) KEVIN LAMARQUE

En las elecciones de este martes se eligen 35 de los 100 miembros de la Cámara Alta, crucial para desarrollar el programa político y para los nombramientos de jueces y altos cargos

03 nov 2020 . Actualizado a las 21:16 h.

Es comprensible que en las elecciones norteamericanas casi toda la atención se dirija a la carrera por la presidencia, y aun más en este año, en el que todo parece girar en torno a la personalidad de los candidatos, o al menos la de uno de uno de ellos. Sin embargo, en las elecciones de este martes también se elegía a los miembros de la Cámara de Representantes y 35 de los 100 miembros del Senado, unos comicios de enorme importancia. Aunque en Estados Unidos el presidente tenga mucho poder, está seriamente limitado por las Cámaras. Especialmente por el Senado, cuyos miembros, que representan a los estados, son el recordatorio de que Estados Unidos es una federación de países. Sin el Senado de su parte, los presidentes pueden ver bloqueado su programa político, especialmente en lo que se refiere a nombramientos de jueces y altos cargos, o iniciativas legislativas en general. A lo largo de este miércoles se irán conociendo los resultados de esas elecciones a las Cámaras, y, aparte de la intriga más importante (quién ganará), se pueden deducir algunas cosas más acerca de la evolución de la política norteamericana.

Un fenómeno importante a observar es si se confirma la desaparición del «voto partido», es decir: votar al candidato de una ideología en las presidenciales, pero al de otra al Congreso. Esto fue muy habitual, pero se ha ido haciendo cada vez menos frecuente. Es un indicador de polarización del electorado, por eso será interesante ver si se corrige este año. Si ocurre, será a favor de los demócratas en Montana o Carolina del Sur (y en Arizona, Iowa y Carolina del Norte si las gana Trump). Si es a favor de los republicanos, ocurrirá en Maine o en Míchigan. Los sondeos eran muy pesimistas al respecto.

Decimos pesimistas porque la desaparición del «voto partido» no solo es consecuencia de la polarización, sino que también la acentúa, puesto que hace que haya menos disposición por parte de los senadores a tender puentes o a votar contra su partido, algo que en los sistemas políticos anglosajones no se considera transfuguismo, sino una garantía democrática. En este sentido, un segundo dato a observar es qué ocurre con la candidatura de la republicana Susan Collins en Maine. En el 2008, a pesar de que el estado votó rotundamente por Obama, Collins no solo ganó, sino que lo hizo llevándose el apoyo del 40 por ciento de los demócratas. Sin embargo, a pesar de que en la última legislatura ha demostrado su independencia en muchas de sus decisiones y de que en estas elecciones ni siquiera ha querido confirmar que fuese a votar por Trump, el porcentaje de demócratas que la apoyan ha pasado del 40 al 11 por ciento. Es una señal de polarización entre los progresistas.

Para medir el mismo fenómeno entre los conservadores podemos fijarnos, por ejemplo, en cómo le va a la republicana Martha McSally en Arizona. Se trata de una candidata claramente trumpiana en un estado en el que hay muchos independientes de centro-derecha, por lo que, si pierde, habrá que interpretarlo como que los moderados abandonan el partido y que el legado de Trump entre los republicanos no será duradero.