La bolsa de cadáveres del presidente

oscar bellot MADRID / COLPISA

INTERNACIONAL

Trump y Steve Bannon
Trump y Steve Bannon Carlos Barria | Reuters

En cuatro años se han sucedido las caídas en desgracia, ceses y dimisiones

02 nov 2020 . Actualizado a las 05:00 h.

Donald Trump ha dejado un reguero de cadáveres políticos en sus cuatro años en la Casa Blanca. El levantisco espíritu de un mandatario para el que la fidelidad ciega es la virtud suprema por la que han de regirse sus colaboradores ha provocado la caída en desgracia de decenas de acólitos que pasaron de rendirle pleitesía a dar la voz de alarma por sus desmanes, la dimisión de varios generales de los que se rodeó, pero que fueron incapaces de embridar el tempestuoso carácter del presidente y el procesamiento de asesores envueltos en turbias tramas dignas del mejor guion de Hollywood.

Michael Cohen, H. R. McMaster, James Mattis, John Kelly, James Comey, Rex Tillerson, Gary Cohn, John Bolton, Steve Bannon, Anthony Scaramucci, Reince Priebus, Sean Spicer, Jeff Sessions, Tom Price, Omarosa Manigault. La lista de quienes un día tuvieron acceso privilegiado al Despacho Oval y de la noche a la mañana se vieron despojados de sus funciones para convertirse de inmediato en blanco de los furibundos ataques de Trump da buena cuenta de la inestabilidad de una Administración que pese a ello sobrevivió a un intento de impeachment motivado por las presiones del presidente para que Ucrania investigase los negocios en aquel país del hijo de su rival Joe Biden, después de que los primeros años de su mandato se vieran ensombrecidos por la presunta colusión con Rusia para ganarle a Hillary Clinton las elecciones del 2016.

Fueron precisamente las oscuras maniobras con el Kremlin las que se cobraron la primera pieza de envergadura en el Ejecutivo cuando habían transcurrido apenas tres semanas de la toma de posesión de Trump. Michael Flynn, asesor de Seguridad Nacional, dimitía el 14 de febrero de 2017, tras mentir a altos cargos del Gobierno, entre ellos el vicepresidente Mike Pence, sobre un encuentro que mantuvo en diciembre del año anterior con el embajador ruso en Washington.

En poco más de doce meses se elevaban ya a más de veinte las bajas, con despidos tan sonoros como los de Rex Tillerson, secretario de Estado al que Trump tachó de «tonto como una piedra» y «vago como el demonio»; James Comey, director del FBI cuyo cese motivó el nombramiento de un fiscal especial que devolvió a EE.UU. a los oscuros tiempos del Watergate; o Reince Priebus, su primer jefe de Gabinete.

Este último duró 189 días en un puesto clave y a su sucesor, John Kelly, un general retirado de la Infantería de Marina, tampoco le fue mucho mejor, con una serie de encontronazos que motivaron su salida de la Casa Blanca en diciembre del 2018. Desde entonces Trump, que también ha tenido cuatro asesores de Seguridad Nacional y otros tantos secretarios de prensa en menos de cuatro años, contabiliza dos jefes de Gabinete más.

Ni el ultraderechista Steve Bannon, sin el que Trump difícilmente habría llegado al 1600 de Pennsylvania Avenue como principal estratega de su campaña, se salvó de las llamas. Aunque la palma se la llevó Anthony Scaramucci, que aguantó once días en calidad de director de Comunicaciones de la Casa Blanca antes de ser guillotinado por el general Kelly, al que no gustaban las formas del irreverente personaje que había irrumpido como un ciclón con malsonantes frases al más puro estilo Trump dirigidas contra sus nuevos compañeros de trabajo.

Los ajustes de cuentas, en las librerías

La historia de lealtades y traiciones sobre las que se asienta la Administración Trump ha servido como vivero de un puñado de libros en los que antiguos colaboradores del presidente ajustan cuentas con su exjefe. Uno de los últimos fue Disloyal: A Memoir, en el que Michael Cohen se explaya en detalles escabrosos de la vida de Trump, incluyendo episodios de ‘lluvia dorada’, comentarios lujuriosos sobre su hija Ivanka o afirmaciones racistas.

Aún más aterrador es el retrato que ofrece John Bolton de su periplo como asesor de Seguridad Nacional del magnate. La habitación donde sucedió se situó de inmediato en la cima de las listas de libros más vendidos en EE.UU., ayudado por los denodados intentos de la Casa Blanca de impedir su publicación. Bolton, un controvertido halcón que lleva años obsesionado con Irán, perfila a un presidente errático, ignorante en asuntos elementales de política exterior, que siente predilección por los dictadores y que no duda en pedir a líderes extranjeros que maniobren para favorecer su reelección.

El éxito de ambos volúmenes es sino una muestra más del filón editorial que supone la presidencia de Trump. Sobre ella se han facturado más de un millar de títulos, muchos más de los que generó la Administración Obama.