John Bolton, el señor de todas las guerras

El asesor de Seguridad Nacional de Estados Unidos ha ido escalando posiciones en el Gobierno desde 1981

John Bolton, exasesor de Seguridad Nacional de Estados Unidos
John Bolton, exasesor de Seguridad Nacional de Estados Unidos

Redacción / La Voz

Nació en Baltimore en 1948. Y eso imprime carácter. Uno no puede venir al mundo en la ciudad de Edgar Allan Poe (y de The Wire) y salir inmune del proceso. Hijo de la clase trabajadora -como Richard Nixon, que atesoraba un rencor infinito a los Kennedy y su Camelot demócrata-, es uno de esos republicanos duros, curtidos a sí mismos a golpe de codos en la universidad y a base de cuchillazos entre las bambalinas del Grand Old Party. 

Logró graduarse en Yale, en cuya facultad de Derecho obtuvo en 1974 su doctorado, y de sus aulas pasó casi de inmediato a la política nacional. Desde 1981 fue escalando posiciones dentro de la Administración y, en 1985, con Ronald Reagan al frente de la Casa Blanca, ya era ayudante del fiscal general de Estados Unidos.

En 1989, John R. Bolton empezó a trabajar bajo el mando de George H. W. Bush (Bush padre), que alcanzó la presidencia a pesar de haber quedado seriamente tocado por el escándalo del Irangate siendo vicepresidente de Reagan. Entonces Bolton ya entró en el Departamento de Estado, como asistente de la secretaría que se ocupaba de la relación de Estados Unidos con las organizaciones internacionales, y empezó a forjarse un nombre en los vericuetos de la diplomacia. 

Embajador ante la ONU

Tras pasar por el puesto de subsecretario de Estado para el Control Armamentístico y de Seguridad Internacional (2001-2005), su gran salto se produjo en el 2005, cuando Bush hijo ocupaba el despacho oval. George W. Bush decidió, contra la opinión de los demócratas y saltándose gracias a una prerrogativa presidencial el control previo del Senado, nombrarlo representante permanente de Estados Unidos ante las Naciones Unidas.

Con una bien ganada fama de unilateralista y enemigo declarado de la ONU -llegó a decir que si desapareciesen 10 de las 38 plantas de la sede de la Asamblea General en Nueva York «no se notaría la diferencia»-, Bolton fue uno de los grandes defensores de la guerra de Irak y ya desde sus primeros escarceos por los pasillos del Ala Oeste de la Casa Blanca puso en la diana a dos otros países que consideraba de alto riesgo para la seguridad norteamericana: Corea del Norte e Irán.

A sus setenta años, y cinco presidentes después, Bolton mantiene intacta su obsesión contra la república islámica, hasta el punto de que el propio Donald Trump ha declarado en relación a la actual crisis: «Tengo que apaciguar a John, lo cual es bastante asombroso».

El hasta ahora asesor de Seguridad Nacional ha sido uno de los principales responsables de que el presidente tomase la decisión de plantar a sus socios y abandonar el acuerdo con Irán por el que el régimen de los ayatolás renunciaba a la bomba atómica. 

Partidario del «brexit»

Bolton también ha jugado un papel clave en el distanciamiento de Trump de la OTAN y sus aliados europeos. Es un firme partidario de la salida del Reino Unido de la Unión Europea y se mofa de la lentitud en la toma de decisiones de las instituciones de Bruselas, que considera obsoletas y poco operativas para actuar en un mundo global en el que China y Rusia han agigantado su papel como grandes potencias geoestratégicas.

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