Guerra de nervios en el estrecho de Ormuz


El Gobierno español ha hecho bien retirando la fragata Méndez Núñez del grupo naval de combate norteamericano que se dirige ahora al golfo Pérsico. Parafraseando al contralmirante gallego que da nombre a la nave, mejor conservar los barcos y la honra, las dos cosas. No es que ese portaviones norteamericano Abraham Lincoln y su escolta vayan a iniciar una guerra con Irán, pero su misión es, de todos modos, más problemática que diplomática: busca elevar la tensión con Irán y, quizás, provocar algún incidente que justifique una escalada. Lógicamente, España, que se alinea con la posición europea de aliviar la crisis con Teherán, no puede participar en esa operación. Otra cosa es que la UE, siempre maleable en cuestiones de política exterior, acabe alineándose con Estados Unidos. Francia ya lo está haciendo.

Esa estrategia de presión militar sobre Irán es controvertida incluso en Washington, donde se han configurado dos bandos al respecto. El ideólogo del intervencionismo es el consejero de Seguridad Nacional, John Bolton, quien hace más de una década ya intentó, sin éxito, convencer a George W. Bush de atacar a Irán. También ahora encuentra resistencias en una parte del Pentágono y la diplomacia norteamericana, que ven su plan como una locura. El bando anti-Bolton ya ha logrado el cese de uno de sus colabores más estrechos, la subsecretaria de Estado para el Control de Armas, Verificación y Cumplimiento, Yleem Poblete, a la que se ha acusado de lo que podríamos llamar eufemísticamente «un exceso de celo» en sus esfuerzos por justificar una guerra contra Irán. Bolton, por su parte, ha conseguido, aparentemente, atraer a su causa a Patrick Shanahan, el recién nombrado secretario de Estado de Defensa, un halcón comparado con su predecesor, James Mattis, a quien Trump cesó en diciembre pasado precisamente por su poca disposición a iniciar guerras. 

Disonancias en la Casa Blanca

Estas disonancias en el seno de la Administración Trump son reveladoras. El presidente llegó a la Casa Blanca con un discurso aislacionista, prometiendo un paréntesis en las intervenciones militares. Pero la relación de una parte de su entorno con Arabia Saudí -su yerno, Jared Kushner- y la presión del lobby neoconservador han llevado a Trump a colocar en su Administración al agresivo Bolton, una reliquia de la «era de las invasiones» de Afganistán e Irak. En la práctica, esto ha creado dos estrategias de seguridad paralelas y contradictorias en la Administración Trump.

De momento, el despliegue militar norteamericano, aunque llamativo, no es muy preocupante. Los B-52 que se han desplazado al golfo y el anuncio del posible envío de 120.000 soldados suenan más a guerra de nervios que a guerra de verdad. Para bombardear o invadir Irán se necesitarían muchos más aviones y soldados. Pero el despliegue pretende servir de advertencia a Teherán, que ha amenazado con cerrar el estrecho de Ormuz si los norteamericanos le impiden exportar petróleo. Y, desde luego, se incrementa el riesgo de una reacción brusca de Teherán o de un incidente grave, que seguramente es lo que busca Bolton.

El Gobierno ordena la retirada de la fragata Méndez Núñez del grupo de combate del USS Abraham Lincoln

La Voz
Navegación de la F-104 junto al Abraham Lincoln
Navegación de la F-104 junto al Abraham Lincoln

La medida obedece a la escalada de tensión entre EE.UU. e Irán

La ministra de Defensa, Margarita Robles, ha ordenado la «retirada temporal» de la fragata Méndez Núñez (F-104) del grupo de combate encabezado por el portaaviones USS Abraham Lincoln «ante la escalada de tensión entre Washington y Teherán», según han confirmado fuentes de Defensa a la agencia EFE.

La decisión de retirar temporalmente la fragata española -que ejercía la función de escolta del buque insignia estadounidense- fue tomada por la ministra en Bruselas, donde se encontraba para asistir a una reunión de titulares de Defensa de la Unión Europea, que ha tenido lugar este lunes.

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