La UE ayudará a May, pero sin tocar el «brexit»

Los 27 estudian fórmulas aclaratorias que hagan digerible en Westminster el divorcio pactado


bruselas / corresponsal

«Solo una iluminación divina» podría justificar la renegociación del acuerdo del brexit, garantizó ayer el primer ministro portugués, Antonio Costa, en plena peregrinación de líderes europeos a Bruselas. Allí se reunieron los Veintisiete con la primera ministra británica, Theresa May, quien acudió al Consejo para pedir auxilio a sus socios tras haber superado la moción de confianza montada por la facción brexiter de su propio partido.

El texto del divorcio se hunde ante la falta de apoyos en el Parlamento británico y la premier necesita un salvavidas en forma de «garantías legales y políticas» en torno a la solución de emergencia para las dos Irlandas. El Reino Unido teme quedar atrapado eternamente por los tentáculos normativos del mercado único si no logra cerrar en el futuro un acuerdo comercial con la UE lo suficientemente ambicioso que haga innecesario levantar una frontera dura en el Ulster. Unas dudas que confirmó ayer Berlín. En primer lugar lo hizo el Bundestag, al aprobar una moción en la que deja claro que el paquete de retirada no se podrá reabrir. Después lo hizo el equipo diplomático de la canciller, Angela Merkel, al señalar que si el Reino Unido no logra un acuerdo en el futuro con la UE, esa palanca de último resorte podría ser «eterna».

La UE se mostró dispuesta a ayudar. Sí a ultimar una fórmula legal para hacer más digerible el acuerdo en Westminster. Sí a hacer aclaraciones, trabalenguas políticos o maquillaje lingüístico, pero ni hablar de renegociar. El mensaje fue unánime. «El marco legal y el acuerdo han sido negociados y no serán cambiados», advirtió el presidente francés, Emmanuel Macron. «Reabrir el acuerdo del brexit es simplemente imposible», zanjó el canciller austríaco, Sebastian Kurz, quien sí extendió los brazos a cambios futuros en la declaración política que acompaña al texto del divorcio, a condición de que los británicos ratifiquen antes el acuerdo.

No todas las cancillerías estuvieron de acuerdo. «Todo lo que sea reabrir el acuerdo sería para nosotros un problema. Nadie puede garantizar que dando tal o cual cosa, pueda salir adelante», aseguran fuentes diplomáticas españolas, que temen que esa opción abra el camino a May para volver una tercera vez a Bruselas a pedir más concesiones. El Gobierno de Sánchez no quiere ni oír hablar de aclaraciones jurídicamente vinculantes: «Sería reabrir el acuerdo por la puerta de atrás», sostienen. ¿Igual que las que pidió España sobre Gibraltar? Madrid se defiende: «España estaba dentro de la negociación cuando solicitó las aclaraciones, aquí ya las hemos terminado».

¿Qué solución ofrece la presidencia de la UE? Aclaraciones con el mismo formato que las españolas. Una declaración con significado legal, pero «no jurídicamente vinculante», explicó ayer una fuente diplomática de la presidencia de turno de la UE (Austria). En ella se enfatizaría el carácter excepcional de la «solución de emergencia». Su activación no sería el resultado «deseable» para la UE. Se trata de un «seguro» que esperan «no activar nunca», reza un borrador al que tuvo acceso la revista Politico. Lo anticipó el primer ministro holandés, Mark Rutte, a su entrada en la cumbre. Activar esa palanca «serían malas noticias para la UE también porque habría diferencias en las leyes y regulaciones sobre estándares entre la UE y el Reino Unido».

Hartazgo

Lo que no ocultó la UE fue su hartazgo por la insistencia de los británicos en contagiar sus problemas al resto de Europa. La lucha interna en Londres amenaza con desestabilizar a los Veintisiete, quienes ayer discutieron sobre los planes de choque si se concreta el escenario de un no acuerdo el próximo 29 de marzo del 2019.

«Estoy más que descontento con toda esta saga del brexit. Desde mi punto de vista, el referendo nunca debía de haber ocurrido», deslizó ayer el primer ministro croata, Andrej Plenkovi, quien calificó de «poco inteligente» la decisión del ex primer ministro británico, David Cameron, de convocar el plebiscito de junio del 2016 con el que creyó poder aplacar al ala dura del partido tory.

Tampoco faltaron las voces críticas con los diputados británicos euroescépticos, empeñados en convertir el brexit en el ascenso de un ochomil. «A veces no argumentan de forma racional», les espetó Kurz.

Los «brexiters» siguen en pie de guerra

La derrota de la moción de censura contra la primera ministra no ha aplacado a los tories euroescépticos que la promovieron, cuyo cabecilla en estos momentos, Jacob Rees-Mogg, insistió ayer en que May «debe dimitir» y dejar de «frustrar» la salida del bloque europeo con un pacto que, en su forma actual, «no tiene opciones» de ser aprobado en los Comunes. Su aliado Steve Baker, instigador de la moción, llamó a la primera ministra a someter a votación «cuanto antes» el acuerdo consensuado con Bruselas, a fin de «poder descartarlo», puesto que es un tratado «horrible» que «el Reino Unido no quiere». La división entre los conservadores ha llegado a tal extremo que la ex ministra Nicky Morgan, del sector proeuropeo, auguró que la formación puede llegar a «escindirse». Según Efe, consideró «inevitable» que se marchen algunos diputados del bando radical.

Los tres deseos navideños de la primera ministra

«Un deseo de Navidad: decidir finalmente lo que quieres y que Papá Noel te lo traiga», bromeó ayer la presidente lituana, Dalia Grybauskaité, aludiendo a la fatiga crónica que acumulan los líderes por los continuos giros dramáticos del brexit. No sin motivos. La primera ministra británica no ha escatimado en peticiones a las puertas de la Navidad.

En su lista hay tres grandes deseos. El primero está en camino: garantías europeas de que la «solución de emergencia» para Irlanda tendrá fecha de caducidad. La UE se resiste a poner una horquilla. Países como Francia o España se niegan. El caso es que los diputados británicos más escépticos han puesto esta exigencia sobre la mesa. Si la premier recibe respuesta de los Veintisiete, ya no tendrán excusas para no votar el acuerdo del brexit.

El segundo deseo es conseguir la luz verde del Parlamento británico al texto de divorcio negociado con Bruselas, el cual podría coincidir con la llegada de los Reyes Magos. Westminster tiene hasta el 21 de enero para someterlo a votación, pero las cancillerías europeas quieren que May convoque a la Cámara de los Comunes antes del 20 de diciembre, cuando comienzan las vacaciones de los diputados. La premier prefiere dilatar el calendario en vista de que la UE podría convocar una nueva cumbre para anclar el texto definitivo de sus «aclaraciones».

Hasta hora hay un rechazo amplio al acuerdo de divorcio en Londres. «Algunos están en contra del brexit, otros en contra de un brexit duro y otros simplemente está de acuerdo con la primera ministra», resumió el canciller austriaco, Sebastian Kurz. Lo que está claro es que la carta de May debería tener como destino el Reino Unido, no la UE: «Si el problema está en Londres, el problema no puede resolverse en Bruselas», deslizó ayer una fuente española.

La premier se enfrenta a una prueba de fuego inédita donde la coreografía y la gestualidad lo es todo. La líder tory tiene claros los escenarios que se podrían abrir de cara a la votación. Sabe que los que han presionado decididamente por un brexit duro para forzar su dimisión, tendrán que retratarse. O asumen el coste elevadísimo de un divorcio inamistoso que, dada su magnitud, cuestionan hasta sus propios votantes, o apoyan los cambios cosméticos del acuerdo. ¿Qué hay de los favorables a la permanencia en la UE? Diputados como los laboristas creyeron poder tensar la cuerda al rechazar el acuerdo con la esperanza de convocar un segundo referendo. Ahora deberán decidir si mantienen el pulso a May o ceden ante el temor a una salida abrupta.

¿Y cuál es el tercer y último deseo de May? Su futuro político estará inevitablemente ligado al del brexit. La premier quiere sobrevivir a este último tramo de un divorcio que va camino de los dos años. Ya lo hizo en multitud de ocasiones, cuando sus rivales la dieron por amortizada: «Estaría encantada de liderar al partido conservador, pero creo que es correcto que el partido quiera concurrir a esas elecciones con un nuevo líder», sostuvo ayer antes de reunirse con sus homólogos europeos.

En la mesa del Consejo Europeo ya cuenta con admiradores. «¿Siente simpatía o pena por ella?», le preguntaron al primer ministro holandés, Mark Rutte. «Siento respeto. Es una gran líder, resiliente. Tengo admiración por ella», exclamó antes de enviar un mensaje a quienes se rieron de ella en Westminster: «No es justo, es poco británico».

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