Tormenta perfecta a ocho meses de votar

La travesía hasta las elecciones europeas de mayo se presenta repleta de escollos


bruselas / corresponsal

La Comisión «de la última oportunidad» llega a su fin. Quedan ocho meses escasos para que su presidente, Jean Claude Juncker, apague las luces y cierre las puertas. Ocho meses de peligrosa travesía en los que cualquier tropiezo puede acabar con el debilitado proyecto europeo. En el horizonte se atisban problemas y Bruselas admite que se dan muchos factores para que se desate la tormenta perfecta. Estos son los escollos de aquí al día de votar. 

Deriva antidemocrática

Visegrado y compañía. Polonia y Hungría persisten en un peligrosísimo pulso político a la UE. Se enfrentan a un expediente sancionador que podría acabar con la suspensión de sus votos en el Consejo por sus continuos ataques al Estado de derecho. El Gobierno húngaro del ultranacionalista Viktor Orbán y el euroescéptico PiS polaco han secuestrado la Justicia, corrompido los poderes del Estado, perseguido a la prensa opositora y dificultado el trabajo de activistas para impedir la entrada de refugiados en sus países. La complicidad entre los socios de Visegrado impedirá un castigo efectivo. La UE deberá sopesar la congelación de fondos europeos. Los gobiernos de Rumanía, Eslovaquia y Malta también están en el punto de mira por hostigar a manifestantes y perseguir a la prensa (hasta el asesinato). 

Inmigración

Entre el bloqueo y el fracaso. «Es una crisis política», insiste Bruselas. La mala gestión migratoria y las campañas de la ultraderecha han convertido el fenómeno en un problema político de primer rango. La mayor parte de las iniciativas comunitarias para crear un sistema común de asilo, un mecanismo de redistribución de inmigrantes o la creación de plataformas de desembarco en países terceros están bloqueadas o al borde del fracaso por la falta de cooperación. 

Auge ultraderechista

La cruzada de Bannon. La Liga Norte y los Hermanos Italianos, Reagrupación Nacional (antiguo FN de Marine Le Pen) en Francia, el PVV holandés, el AfD alemán, el Jobbik húngaro, el FPÖ austriaco o Demócratas Suecos, son algunos de los partidos que están llamados a formar la gran entente ultra en la UE en las próximas europeas. El ex asesor de Trump, Steve Bannon, está maniobrando para agruparlos a todos bajo la bandera de El Movimiento. A la cruzada podrían sumarse los euroescépticos del PiS polaco, quienes se quedarán sin familia con la salida de los reformistas británicos del Parlamento Europeo tras el brexit. El Fidesz de Orbán también ha sido cortejado. El auge de estos partidos en los sondeos, con el telón de fondo de la injerencia rusa en los comicios, promete una legislatura imposible en la Eurocámara donde las fuerzas tradicionales se resquebrajan. 

«Brexit»

Un precedente. Por primera vez en la historia de la UE, un socio pide el divorcio. La salida de los británicos no solo es un reto jurídico, económico y social, también es un reto político por cuanto sienta un precedente. Bruselas deberá ser lo suficientemente dura para no dejar la puerta entreabierta ante la perspectiva de que el ascenso al poder de fuerzas euroescépticas en algunos países europeos culmine con nuevas escisiones. 

La discordia del dinero

Un campo de minas. La salida del Reino Unido dejará un agujero presupuestario de 12.000 millones de euros anuales en las arcas de la UE. Bruselas propone recortes de gasto pero, si los Veintisiete quieren financiar las nuevas prioridades (seguridad y defensa), deberán rascarse el bolsillo. Con los países del sur y del este presionando para mantener los sobres de cohesión y los contribuyentes del norte pidiendo la tijera ante la perspectiva de una crisis económica incipiente en el 2020, las negociaciones se convertirán en un campo de minas. Difícil será alcanzar un acuerdo antes de las elecciones. 

Gobiernos inestables

Vacíos de poder. La UE siempre se ha sostenido sobre el mercado interior y gobiernos fuertes en sus principales potencias. Pero eso es historia. El Ejecutivo de Sánchez se tambalea, la canciller Angela Merkel ha tenido que descartar un voto de confianza. Sus socios bávaros siguen haciendo campaña a su costa. El Gobierno italiano busca un choque de trenes con Bruselas a costa de la política migratoria y la estabilidad presupuestaria. La popularidad del francés Emmanuel Macron ha caído al 34 % desde que llegó al Elíseo, un mal augurio de cara a las elecciones europeas. Suecia sigue intentando formar gobierno sin recurrir a los xenófobos del SD y el futuro de la británica Theresa May está en un limbo ante los ataques de los tories opositores y la contraofensiva laborista. Con este escenario, cualquier vacío de poder puede beneficiar a eurófobos y populistas. 

Los liberales buscan una alianza entre progresistas

«La lucha en el 2019 será entre los nacionalistas populistas y la alternativa pro-europea», advirtió este mes el líder de los liberales en la Eurocámara, Guy Verhofstadt. Con la carrera abierta en las filas conservadoras y las socialdemócratas, la familia liberal trata de apurar los contactos para presentar a su candidato. La formación está teniendo problemas para poder perfilar una plataforma amplia de partidos. El principal obstáculo se llama La República en Marcha (LREM).

El partido de Macron se resiste a concurrir bajo otra etiqueta que no sea la suya. La ambición del galo por optar al puesto de presidente de la Comisión Europea no se ha aplacado, ni siquiera después de las encuestas públicas que han llevado a su popularidad a tocar suelo y los sondeos apunten a un posible adelantamiento del antiguo Frente Nacional de Le Pen. Verhofstadt ha intentado persuadirlo. Los liberales quieren que el equipo de Macron se sume a la familia, pero nadie puede garantizar su puesto.

La maquinaria sigue en marcha dentro de los cuarteles liberales para intentar alumbrar una candidatura atractiva. Según La Stampa, varios líderes socioliberales estarían preparando un manifiesto para poder forjar una «alianza política de progresistas» dentro de la Eurocámara para hacer frente al pulso de los ultranacionalistas. Aunque cada partido formaría parte de una misma familia, se coordinarían para mantener un enfoque común en asuntos clave como la reforma de la UE. A ese equipo se sumarían el ex primer ministro italiano Matteo Renzi (socialdemócrata), Macron, el primer ministro maltés Joseph Muscat (socialdemócrata), el primer ministro griego Alexis Tsipras, los liberales belgas y Ciudadanos, entre otros.

Pero, ¿a quién apoyarán para presidir la Comisión? Se han barajado multitud de nombres en las quinielas. Desde el propio Macron a la actual comisaria de Competencia, Margrethe Vestager. La danesa ha demostrado ser uno de los activos más importantes del actual Ejecutivo y quizá haya logrado tener una mayor visibilidad pública por sus sonados enfrentamientos con los gigantes digitales como Google. Su cara no es extraña a los ciudadanos o la industria. Otro de los nombres que cobra fuerza es el de Frans Timmermans. El holandés no cuenta con el apoyo de su partido (socialdemócrata) así que podría ser una buena apuesta socioliberal si la «alianza de progresistas» finalmente toma forma.

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