El fiscal Mueller persigue a los oligarcas rusos


Nueva York / Colpisa

Donald Trump no es el único irritado con Robert Mueller. El fiscal especial se ha convertido en el terror de los oligarcas rusos, que en varias ocasiones han sido interceptados al aterrizar en un aeropuerto de EE.UU. para ser sometidos a someros interrogatorios del FBI. No es como ser musulmán y acabar en una cárcel secreta de la CIA, pero tampoco está a la altura de la aristocracia saudí, encarcelada en el Ritz.

El fiscal especial ya ha dado varios sustos a antiguos colaboradores de Trump cuando regresaban a EE.UU. de algún viaje, pero en las últimas semanas las órdenes de detención que expide su equipo se han centrado en encontrar a los rusos que puedan estar detrás de donaciones o bien al candidato o al Partido Republicano, prohibido por las leyes estadounidenses. La identidad de los interrogados no se ha hecho pública. «Al fiscal le gusta el elemento sorpresa», dijo el exfiscal Daniel Goldman a la CNN, que dice tener datos de la detención de al menos tres acaudalados rusos.

No importa que lleguen en vuelo comercial o en aviones privados. Al menos uno de ellos fue detenido tras aterrizar con su jet en un pequeño aeropuerto VIP de Nueva York. Las autoridades aprovecharon esas detenciones para registrar sus teléfonos y ordenadores. Según lo que encuentren, algunos resultarán más proclives a cooperar. Fue el caso de George Nader, un especialista en Oriente Medio que en enero se dirigía a la fiesta de aniversario de la victoria de Trump en Palm Beach cuando fue detenido por el FBI durante el transbordo en el aeropuerto de Washington Dulles. Nader había organizado un encuentro secreto en las Seychelles entre Erik Prince, un seguidor de Trump que fundó la milicia paramilitar Blackwater, y Kirill Dmitriev, jefe ejecutivo de un fondo de inversión cercano a Putin.

El objetivo era establecer un canal secreto para que ambos líderes se comunicaran sin que lo supiera ni la inteligencia estadounidense. Desde entonces Nader está colaborando con la investigación. Como también hizo el exasesor de política exterior George Papadopoulos, detenido en ese mismo aeropuerto procedente de Alemania.

Otro asesor de Trump durante la campaña, Ted Malloch, se quejó de haber sido detenido en el aeropuerto de Boston. En su caso el FBI buscaba conexiones con Roger Stone, relacionado con Julian Assange. Según The New York Times, el presidente no es el objeto de la investigación, o eso le habría dicho el equipo de Mueller a sus abogados. Sin embargo, el círculo se estrecha y la estrategia de seguir la pista al dinero está llevando al fiscal camino de Moscú.

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